Se acerca una de las noches más especiales para todos los guienses: el 13 de agosto. Una noche que, generación tras generación, forma parte de nuestra identidad y de nuestros recuerdos.
Este año, además, nos han recordado por todos los medios que estamos celebrando 500 años de la fundación del municipio. Y, aunque evidentemente las carrozas no tengan 500 años —todavía—, nadie puede negar que la tradición de esa cabalgata tiene un origen y un arraigo más que centenario.
Así que este año, antes de verlas, y dejando claro que para gustos, los colores (y que el libro de los gustos, por suerte, sigue en blanco), no quisiera entrar a valorar el trabajo de quienes las han realizado. Todo trabajo merece su respeto y, por supuesto, quienes las hacen, aunque no sean de Guía, también merecen reconocimiento.
Pero aquí viene la pequeña ironía de este 500 aniversario…
Un municipio como Guía, cuna de artistas, artesanos y gente con talento de sobra, ¿de verdad no tenía a nadie de Guía para elaborar sus carrozas?
En mis 48 años creo, sinceramente, que es la primera vez que ocurre algo así. Porque incluso cuando las carrozas no eran temáticas, antes de 1991, eran elaboradas por guienses. Y después también hemos tenido a personas de nuestra tierra poniendo su creatividad, su trabajo y, sobre todo, su sentimiento en algo que para nosotros no es simplemente una carroza.
Cayetano Guerra, Germán Caballero, Juan José Caballero, Toni Caballero, Adrián Castellano, Pedro Santana, Micky Mendoza, Pachi Rivero, Mario Santiago, María del Carmen Guerra, Israel Arbelo, Tanausú Mendoza, Juanjo Caballero… y seguro que me dejo a muchos en el tintero. A todos ellos, y a tantos otros, gracias.
Porque hacer una carroza se puede aprender.
Pero entender lo que significa el 13 de agosto para un guiense… eso se mama.
Se vive desde pequeño. Se espera durante todo el año. Se recuerda en la familia. Se habla de ellas con nostalgia. Se reconoce en cada detalle. Y quienes hemos crecido aquí sabemos que esa noche tiene algo que va mucho más allá de unas estructuras, unas luces, unos colores o un diseño bonito.
Por eso me da pena.
Me da pena que precisamente en un año en el que celebramos 500 años de Guía, no se haya contado con artistas de Guía para una tradición tan nuestra.
Y espero, de corazón, que quienes este año tienen la responsabilidad de elaborarlas, aunque no hayan vivido ni mamado esta tradición como muchos guienses de mi generación, de las anteriores y de las posteriores, hayan sabido entenderla, respetarla y transmitirla.
Porque al final, las carrozas pasarán.
Los diseños gustarán más o menos.
Pero el 13 de agosto seguirá siendo de los guienses.
Y eso, afortunadamente, todavía no necesita 500 años para demostrarlo. 😉
