Le doy las gracias al 2025. No por haber sido indulgente, sino por haber sido “salvajemente” honesto. En su crudeza me ofreció el más noble de los dojos: la vida misma. En él, como discípulo y como maestro, he templado espíritu, carácter y voluntad.
Este año no me concedió victorias fáciles. Algunos combates fueron justos; otros, no tanto. Pero todos fueron necesarios para mi continuo aprendizaje. Me enfrenté a mis miedos más íntimos y ocultos, a esas sombras que no se exhiben, pero que exigen coraje en la soledad del alma. Y cuando las fuerzas flaqueaban, bastó una sola presencia (la de mi hijo) para recordarme por qué vale la pena seguir luchando.
Hoy también celebro el amor, los valores y la entrega de quienes nos inspiran cada día.
En especial, a mi madre: ejemplo de generosidad, esfuerzo y principios… y el privilegio de seguir teniéndola cerca.
Como escribí en mi primera tesis doctoral: “A mi hijo Martín, mi pequeño samurái, mi verdadero leitmotiv. Con él, la palabra “querer” cobra todo su significado hasta cotas inimaginables. Con el deseo de verte siempre feliz y de disfrutar juntos cada instante que la vida nos regale, para ser testigo de tus logros y de tus sueños…”. Aunque a veces con más ausencias que presencias, él es mi estandarte y mi verdad más profunda.
Honro también a los más leales irracionalistas racionales que me acompañaron antes y ya no están (Bushi y Ares). Su ausencia aún pesa. Y al que me acompaña ahora (Yuki), leal, silencioso e intenso, capaz de ofrecerme, incluso en los peores momentos, un halo de aliento sin palabras. Son esas almas que sostienen sin necesidad de hablar.
Algunas personas se han ido, dejando silencios que aún resuenan. Otros personajes simplemente no estaban destinados a quedarse. Y, sin embargo, aquellos que esbozan una sonrisa en silencio son a los que el alma grita de dolor. A ellos, mi respeto. A ellos, mi memoria.
Como he dicho (y lo sostengo): «Quien busca la excelencia generará primero el rechazo por el miedo de los mediocres.» «La grandeza de las personas va en consonancia con sus más adversas dificultades.» «La soberbia y la ignorancia forjan la temeridad del necio.» «No confundas mi buena educación con debilidad, porque en ella estriba mi fuerza.»
Y así, forjándome, he comprendido que el carácter no se pule en la comodidad, sino en la fricción. Que los conflictos no se resuelven desde la prontitud, sino desde la comprensión profunda de su raíz. Y que, la urgencia de otros no es mi emergencia, especialmente cuando nace del egoísmo y no de la empatía. Porque la verdadera compasión no impone: acompaña.
He aprendido también a no detenerme ante las críticas de quienes jamás pisaron el tatami de mis peores combates y batallas. Sigo adelante, con la mirada fija en mi propósito, y sólo miro a los lados para tender la mano (desde la lealtad) a quien de verdad la necesita.
Este año he alcanzado algunas metas. No sin esfuerzo. No sin heridas. Pero más que en la meta, me he centrado en el camino. Porque es en el camino donde se revela el aprendizaje, donde se templa el espíritu, donde se honra el arte de vivir.
Reafirmo que el placer de vivir los momentos más intensos es patrimonio de muy pocas personas. Por eso celebro cada instante con quienes saben estar, con quienes vibran desde la autenticidad, con quienes no temen la profundidad.
Sé que nuevas almas ya se asoman al umbral del 2026. Las espero con el corazón abierto, la guardia baja y el espíritu en alto. Porque el próximo capítulo merece ser escrito con tinta limpia, sin tachaduras ni lastre: sin aquello que no suma, que no honra, que no vibra con mi verdad, ni mejor ni peor que otras.
Como también he dicho: «A veces, quien más aboga por la tolerancia es quien es más inflexible en sus propias convicciones.» Frase nacida tras una invitación excluyente, pero que hoy cobra más sentido que nunca. Porque la verdadera inclusión no se proclama: se practica.
Y así, como la magia de una puesta de sol es tan grande como la de un nuevo amanecer, recibo este nuevo año: con gratitud por lo vivido y con ilusión por lo que vendrá.
A todos, gracias. Gracias a quienes siguen. Gracias a quienes llegaron. Gracias a quienes, desde la distancia o desde el recuerdo, siguen siendo parte de mi historia.
¡Honor a quiénes honor merecen!
Desde los férreos lazos del Budo, de la seguridad, de la ciencia, de la vida, desde la amistad que no se negocia, reciban mi abrazo más sincero en esta época en que la noche más larga cede paso a la luz renacida, y el año viejo se inclina ante el umbral del nuevo, permitidme desearos, desde lo más hondo del espíritu forjado en el dojo de la vida:
Una Navidad plena de paz auténtica, esa que nace del coraje interior y no de la ausencia de tormenta; y un Año Nuevo rebosante de fuerza y ánimos renovados, para que cada paso que deis en 2026 sea firme, cada propósito elevado y cada instante vivido con la intensidad que merecen los verdaderos guerreros del alma en esa lucha diaria, hasta rendir el alma que llamamos vida.
Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.
Lealtad. Coraje. Honor. ⭐⭐⭐
SHIHAN: Dr. Martín González y Santiago
