La Aldea de San Nicolás coordina las actuaciones para recuperar el canal de riego afectado por el derrumbe a consecuencia de la borrasca Therese
Visita Técnica A Pino Gordo
Visita Técnica A Pino Gordo
El Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás continúa trabajando de forma coordinada con la Comunidad de Regantes del municipio para avanzar en la recuperación del canal de riego dañado por el derrumbe registrado en la zona de Pino Gordo como consecuencia de la tormenta Therese.
Con este objetivo, el alcalde de La Aldea de San Nicolás, Pedro Suárez, participó este martes en una visita técnica al lugar del desprendimiento junto al presidente y miembros de la junta directiva de la Comunidad de Regantes, el Sindicato de Riegos y los ingenieros de la empresa encargada de ejecutar las obras de reparación.
Durante la jornada, la delegación realizó una inspección detallada del estado de la infraestructura mediante la toma de mediciones, fotografías y vídeos, apoyándose además en un dron especializado que permitió obtener una visión precisa de la magnitud de los daños ocasionados en el canal.
La visita permitió recopilar toda la información técnica necesaria para definir las actuaciones que deberán ejecutarse con carácter urgente. En este sentido, destaca la predisposición de la Consejería de Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo de Gran Canaria, que dirige Miguel Antonio Hidalgo, para dar una respuesta rápida a esta incidencia, consensuando la modificación del procedimiento inicialmente previsto para que la subvención extraordinaria, dotada con cerca de 275.000 euros, sea gestionada directamente por la Comunidad de Regantes. Así, se podrá agilizar la ejecución de las obras necesarias para recuperar el canal del Parralillo y restablecer cuanto antes el suministro de agua procedente de las presas afectadas.
Esta actuación se enmarca, además, en el proyecto de modernización de las infraestructuras de la Comunidad de Regantes, previsto en los Presupuestos del Gobierno de Canarias con una dotación de 80.000 euros destinada a la redacción del proyecto técnico y gestionado a través del Área de Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo de Gran Canaria.
En estos momentos, el sistema de riego únicamente puede abastecerse con el agua almacenada en la última de las presas. Al encontrarse situada a una cota inferior respecto al canal afectado, resulta necesario impulsar el agua mediante equipos de bombeo, una circunstancia que incrementa considerablemente los costes energéticos de explotación para la Comunidad de Regantes.
“La prioridad en estos momentos es recuperar cuanto antes una infraestructura esencial para nuestro sector agrícola”, destacó el alcalde Pedro Suárez, quien aprovechó para agradecer “la rápida respuesta y la predisposición mostrada por el Cabildo de Gran Canaria para adaptar el procedimiento y permitir que la Comunidad de Regantes pueda gestionar directamente esta subvención extraordinaria, agilizando así una actuación imprescindible para el municipio ”.
Asimismo, señaló que “nos encontramos a las puertas del inicio de una nueva zafra y es fundamental minimizar el impacto que esta incidencia puede tener sobre las explotaciones agrícolas del municipio. Desde el Ayuntamiento seguiremos colaborando con todas las administraciones implicadas para que las obras puedan ejecutarse en el menor plazo posible”.
Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás queremos poner en valor la colaboración y la permanente predisposición de la Consejería de Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo de Gran Canaria para dar respuesta a las necesidades del municipio en materia de agua destinada al riego y al abastecimiento.
Del mismo modo, nos gustaría destacar el trabajo coordinado entre la Comunidad de Regantes y los equipos técnicos para afrontar una actuación prioritaria para La Aldea y determinante para garantizar el suministro de agua de riego, preservar la actividad agrícola y asegurar el desarrollo de uno de los principales motores económicos del municipio.

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Capitan Manuel Damía Guimerá
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Redacción NorteGranCanaria

Homenaje póstumo a mi amigo, colega y maestro, capitán Manuel Damía Guimerá

Ayer zarpó hacia su último puerto de destino, el Capitán Manuel Damiá Guimerá, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, por lo que hice un paréntesis en mis artículos de opinión diario, para dedicarle a él, que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, ésta, que nunca le conté, pero que estoy seguro que hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las contaba en el puente del buque Tajo, y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribe “Historias de la Mar. Ahí te va, para ti Manolo, convertida en artículo de opinión y homenaje póstumo, porque “los viejos lobos de mar”, sabemos que los capitanes como tú, que no se van del todo. Se quedan en la mar que nos enseñaron a querer. ¡Grande Manolo! Esta mañana como de costumbre, me senté delante de mí portátil, dispuesto a preparar la crónica de hoy viernes, y cuando ya prácticamente la tenía acabada, recibí un WhatsApp desde Castellón de mi buena y vieja amiga Isabel, esposa del también viejo y entrañable amigo, el Capitan Manuel Damiá Guimerá, a quien conozco desde que era Oficial Alumno de Puente y hacia mis prácticas en el buque Duero de la Naviera Pinillos, donde él ejercía de primer oficial. Luego acabada las practicas, me embarqué en un buque inglés y perdimos todo contacto, hasta que regresé a España y él al enterase que estaba buscando nuevo barco, me reclamó para el suyo, donde ahora era Capitan; El Tajo, de la misma naviera donde yo había hecho buena parte de mis prácticas de mar. Con él ingresé de tercer oficial, ascendí a segundo y luego a primero, hasta que la compañía me destinó a Tierra para sustituir, provisionalmente al delegado que existía en Las Palmas, ya que éste se iba de vacaciones.  Después de esto, ya no coincidimos en ningún otro barco, pero nuestra amistad perduró, a pesar de que apenas nos veíamos. Él era un fan de mis libros y publicaciones y yo desde que acababa uno nuevo, se lo hacía llegar Llevaba unos ya 18 años jubilado y ayer me comunicó su esposa qué, mi querido y admirado “Capitán Manuel Damiá Guimerá”, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, había   zarpado hacia su último puerto de destino.  Por lo que, automáticamente me detuve en el artículo que estaba escribiendo, para hacer uno distinto que pudiera dedicárselo a él, y en calidad de homenaje póstumo, recordando que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, y esta nueva, que nunca le conté, pero que estoy seguro que, hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las leía en borrador en el puente del buque Tajo y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribes de “Historias de la Mar”. Sabe bien amigo Manolo, que aquel libro, ya lo acabé y publiqué con mucho éxito, por cierto, pues ya van tres ediciones entre España y Sudamerioca.  Pero yo quiero contarte hoy otra nueva ,  que para que te entretengas mientras, en ese viaje que te llevará al Cielo junto al Todopoderoso, te entretengas una vez más leyéndome. Así que, ahí te va amigo Manolo. “El mes en que la mar me dejó varado… en el hielo” Hay recuerdos que regresan como una marea lenta: primero un olor, luego un ruido, después una imagen. Y cuando uno menos lo espera, ahí está de nuevo la juventud, llamando a la puerta como un viejo camarada que viene a tomar un café y a recordarte que la vida, pese a todo, sigue siendo hermosa. Hoy, mientras España navega entre temporales que parecen no escampar, me ha dado por rescatar una vivencia que nació en un ciclón y terminó siendo una historia cálida, casi tierna. Por ello quiero dedicarla a ti, que fuiste mi maestro, mi capitán y mi amigo, Manuel Damiá Guimerá, que ayer has emprendido tu última singladura.  “Ana: la primera vez que la muerte me miró a los ojos” Aquel viaje a Canadá comenzó con mal gesto. Nos cruzamos con el “ciclón tropical Ana” que, aunque ya venía subiendo por la costa Este de los Estados Unidos perdiendo fuelle, conservaba la “mala leche” suficiente como para recordarnos que la mar, cuando quiere, se convierte en un animal vivo. Mi barco tenía 150 metros de eslora, 30.000 toneladas, moderno, orgullos, pero se movía como si alguien lo hubiera agarrado por la quilla y lo estuviera sacudiendo para ver qué caía dentro. El viento no soplaba, “mordía como un perro de presa canario” que no quería soltarnos. Las olas no rompían: “caían como muro de piedra”. Y yo, joven tercer oficial de puente, descubrí que la muerte tiene cara… y que era “fea como el demonio”. Pero sobrevivimos. Y llegamos a nuestro destino, Canadá. Porque sabes bien que los marinos no navegamos; “resistimos”. Y porque yo llevaba en la cabeza las enseñanzas de aquel hombre que sabía leer la mar como otros leen un libro; el Capitán Guimerá. “Summer Side: cuando el océano se volvió piedra” Llegamos a “Summer Side”, en la Isla del Príncipe Eduardo, (Canadá) el 28 de diciembre. El termómetro marcaba –18 ºC, que ya es suficiente para que, a un canario como yo, se le congelaran hasta los recuerdos. Dos días después bajó a “–25 ºC”, y la bahía entera se convirtió en una lápida blanca. El barco quedó atrapado, inmóvil, prisionero del hielo como un juguete olvidado por un gigante distraído. La mar, aquella mar que días antes rugía como una fiera, ahora era un silencio absoluto. Un silencio que no se oía; se sentía. Allí estuvimos atracados “un mes entero”, sin podernos mover, esperando a que un rompehielos de la Armada canadiense viniera a rescatarnos. Un mes de frío, de rutinas suspendidas, de vida detenida… y de una sorpresa que aún hoy me hace sonreír.  Target: la flecha que