La Cuentista María Buenadicha
La Cuentista María Buenadicha
Cueva Pintada organiza una sesión de cuentacuentos familiar con María Buenadicha
  • La actividad, dirigida a niños y niñas a partir de cuatro años, tendrá lugar el día 25 de abril, a las 11:00 horas

El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada invita a las familias a disfrutar de la sesión ‘Cuentacuentos con María Buenadicha’, una propuesta cultural diseñada para acercar la narración oral al público infantil y fomentar la imaginación y la escucha compartida en familia.

La actividad se celebrará el día 25 de abril, a las 11:00 horas, y está dirigida a familias con menores a partir de cuatro años. La cita estará a cargo de María Buenadicha, narradora oral con una amplia trayectoria dedicada a contar historias y a mantener viva una tradición ancestral basada en la palabra hablada.

La narración oral es una disciplina artística en la que los cuentos, relatos e historias se transmiten de viva voz, estableciendo una conexión directa entre quien narra y quien escucha. En este encuentro, María Buenadicha compartirá una selección de historias que ha recopilado y transformado a lo largo de su experiencia, utilizando como principales herramientas su voz y su cuerpo, y teniendo como fuente la memoria, el recuerdo y la palabra.

La actividad es gratuita y cuenta con plazas limitadas. Para participar es necesario inscripción previa, que puede realizarse llamando al teléfono 928 895 489 (ext. 3), de lunes a viernes en horario de 9:00 a 14:00 horas.

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Escribir desde la orilla del silencio: El grito del autor ante el Día del Libro

Cada 23 de abril, el calendario nos invita a rendir honores a la palabra escrita. Es una fecha que, sobre el papel, debería ser un reconocimiento sincero a la vocación literaria. Sin embargo, para muchos de nosotros —especialmente en nuestra tierra canaria—, esta jornada se vive con un inevitable matiz de desencanto. Es la celebración de un ecosistema que parece haber olvidado su motor principal: el autor. Mi vida transcurrió en la mar. Como marino mercante, aprendí a entender los silencios del océano. En paralelo, casi como un refugio íntimo durante las largas travesías, fui cultivando la escritura. Con el tiempo, esa afición se convirtió en una parte esencial de mi identidad; una manera de preservar historias, tradiciones y la memoria viva de nuestras islas. Hoy, ya jubilado, cuento con 15 libros publicados que abarcan desde la novela y el ensayo hasta tratados sobre nuestro léxico canario. A pesar de las segundas y terceras ediciones, me sigo considerando un humilde escritor novel que escribe con lo que yo llamo la “libertad de los condenados”. El laberinto institucional: ¿Dónde está el escritor? A pesar del esfuerzo y el compromiso con nuestra identidad, surge una pregunta incómoda: ¿Qué lugar ocupa realmente el escritor novel en nuestra sociedad? La respuesta es, a menudo, desalentadora. Existe una brecha evidente en el apoyo de las administraciones públicas. Es paradójico observar cómo se destinan recursos ingentes a deportes, carnavales o ferias sectoriales, mientras la creación literaria queda abandonada a la iniciativa individual. El escritor se enfrenta a un camino solitario, sin el respaldo necesario para dar a conocer su obra. Si bien es justo reconocer gestos como el del Cabildo de Gran Canaria, que facilita un punto de venta, no es suficiente. Una librería institucional que vende a comisión no soluciona el problema de fondo: la invisibilidad física en los eventos de relevancia. ¿Feria del Libro o Feria del Librero? No me malinterpreten: las ferias anuales son necesarias, pero tal vez su nombre sea impreciso. Hoy por hoy, se asemejan más a una «Feria del Librero». Los ayuntamientos organizan eventos pensados para la venta comercial, olvidando a los autores noveles o a quienes apuestan por la autoedición, negándoles un espacio o una caseta propia. Lo que propongo es una implicación real en todo el proceso, desde que el manuscrito toma forma hasta que llega al lector. Porque la cultura no se defiende solo instalando casetas para que las autoridades se cuelguen una medalla; se defiende poniendo al creador en el centro, especialmente si es un vecino del municipio que escribe sobre su propia realidad. «Un pueblo que no facilita la difusión de sus escritores corre el riesgo de perder su memoria y su identidad.» La resistencia a través de la red Para que mis libros sean económicamente accesibles, he tenido que «saltarme» los eslabones tradicionales. Al eliminar los márgenes que se llevan editores, distribuidores y grandes superficies —que pueden alcanzar hasta el 60% o 70% del precio final—, logro que la obra llegue al lector por un precio justo. Gracias a la era digital, utilizo la venta online y plataformas como Amazon para subsistir. Pero sin el apoyo de las instituciones locales en las ferias presenciales, el camino se vuelve una pendiente demasiado empinada. Es por esto que el 90% de los futuros talentos literarios abandonan: no todos tienen la fortuna de ser jubilados y poder escribir por puro «amor al arte». Un compromiso con el futuro Canarias posee un patrimonio narrativo extraordinario marcado por el mar y la tradición. Pero ese patrimonio necesita voces que lo cuenten, y esas voces necesitan ser escuchadas. De lo contrario, como decimos aquí, sucederá aquello de “a conejo huido, palos a la madriguera”. Este Día del Libro no debe limitarse a actos simbólicos. Debe ser un momento de reflexión y compromiso. No pedimos privilegios ni protagonismo desmedido; reclamamos oportunidades y un apoyo coherente con la importancia de la cultura. Ojalá llegue el día en que escribir en Canarias no sea un acto de resistencia, sino una labor acompañada y valorada. Mientras tanto, seguiremos escribiendo. El escritor, por ley natural, morirá algún día, pero su obra quedará latente y viva. Mi más sincera felicitación a todos esos valientes que se atreven a expresarse a través de la literatura y no mueren en el intento. A ellos les dedico aquellas palabras que Don Quijote le decía a Sancho: «Sábete Sancho, que la virtud que vale por sí sola se hereda o se cultiva, pero de la ignorancia… ¡Apártate!, que es la madre de todos los males».