Dicen que todos los sueños que tenemos a lo largo de nuestra vida los sueños viven acumulados en estanterías invisibles hasta ser reclamados; que cada noche viajamos hasta ella y elegimos uno que la mayoría de las veces ni recordamos.
Ella no.
Ella, cada noche, sube cada peldaño de la casi interminable escalera que la lleva hasta el penúltimo estante y elige siempre el mismo, el menos brillante de todos. Al despertar, recuerda cada momento vivido como si hubiera sido real, aunque en el fondo crea que su imaginación es la culpable.
Y así, cada día.
A lo largo de los años tropieza muchas veces, duda otras tantas y se plantea renunciar cientos de ellas… hasta que su sueño cobra vida. Solo entonces recuerda el verdadero significado y valor de aquella estantería, y sonríe.
Los sueños siempre están, nunca desaparecen; permanecen en un rincón de nuestro inconsciente esperando el momento adecuado.


