Es imperativo hablar con claridad cuando los cimientos de nuestra democracia empiezan a agrietarse bajo el peso del autoritarismo encubierto. España asiste, entre la estupefacción y la rabia, a un espectáculo bochornoso: un Ejecutivo que, lejos de proteger los derechos fundamentales, parece decidido a tutelar la verdad y a castigar a quien ose salirse del guion oficial.
La Constitución como Escudo, no como Estorbo
El Artículo 20 de nuestra Constitución Española es meridiano: «Se prohíbe la censura previa». No es una recomendación amable; es un mandato imperativo que garantiza que la libertad de expresión y de información sea el pulmón de nuestra sociedad. Sin embargo, el presidente Pedro Sánchez parece haber olvidado que su cargo le obliga a ser el primer guardián de esta norma, no su principal detractor.
El Caso de Iker Jiménez: Una Bajeza Democrática
Lo ocurrido recientemente con figuras como Iker Jiménez —y otros tantos profesionales de la comunicación que se niegan a claudicar— trasciende la mera crítica política. Intentar bloquear, señalar o asfixiar a medios y comunicadores por el simple hecho de que no «comulgan» con la narrativa de Moncloa es de una bajeza moral imperdonable.
La labor de la prensa no es halagar al poder, sino fiscalizarlo. Cuando un Gobierno utiliza su altavoz para estigmatizar a periodistas, está enviando un mensaje peligroso: o sumisión o castigo.
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Basta de injerencias: El respeto a las instituciones es sagrado, pero el respeto se gana, no se impone por decreto.
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Libertad real: La prensa debe ser libre para acertar y para equivocarse, pero sobre todo, debe ser libre de la sombra de la represalia gubernamental.
Un Clamor por la Dignidad Institucional
Señor Sánchez, deje en paz a la prensa. Los estamentos oficiales y el Congreso merecen una dignidad que su gestión está erosionando al atacar a quienes ejercen su derecho constitucional a informar. La España de hoy ya no tolera el intervencionismo de quien confunde el Estado con su propio beneficio político.
Ya está bien. La salud de nuestra democracia se mide por la libertad de sus críticos, no por el silencio de sus cómplices. Deje que la prensa haga su trabajo, porque el suyo es gobernar para todos, no solo para quienes le aplauden.