El Gobierno Y El Caso Begoña Gómez
El Gobierno Y El Caso Begoña Gómez
“Cuando el miedo navega más rápido que la ley”
El Gobierno y el caso Begoña Gómez

La reacción del Gobierno ante la posibilidad de que Begoña Gómez”, esposa de Pedro Sánchez “la lapa”, sea juzgada por un jurado popular” no ha sido institucional, ni prudente, ni serena. Ha sido un asalto en tromba”, casi un abordaje político, como si la mera idea de que ciudadanos corrientes puedan juzgar un caso previsto en la ley fuese una amenaza intolerable.

Y aquí conviene recordar algo que parece haberse extraviado en la derrota del Gobierno: “El jurado popular “es una figura “legal, constitucional y plenamente prevista”, nada facha, por cierto, Y pensado para delitos como los investigados. No es una anomalía. No es una extravagancia. No es una maniobra. “Es Ley”; y la Ley, como bien sabían los romanos, no se discute, “Dura lex, sed lex”.

Que un Gobierno cuestione una herramienta jurídica aprobada bajo su propio color político es, como mínimo, un ejercicio de memoria selectiva”. Y como máximo, un síntoma de nerviosismo sanchista”, más propio de aquellos que se saben que no están en poder de la razón o de la verdad

La defensa anticipada: cuando el Ejecutivo se convierte en abogado de guardia

Lo más inquietante no es que critiquen el jurado. Lo verdaderamente revelador es que lo hagan proclamando la inocencia de la investigada antes de que el tribunal se pronuncie”.

Un Gobierno democrático y no de republica bananera, como cada día se parece más este social comunista que preside Pedro Sánchez, debería ser el primero en respetar la separación de poderes. Pero aquí el Ejecutivo ha decidido remar en formación”, como si la sentencia ya estuviera escrita y solo faltara que los jueces la firmen. La imagen es tan impropia como peligrosa; ministros y portavoces convertidos en abogados de oficio”, defendiendo a priori lo que aún no ha sido juzgado.

En la mar, cuando toda la tripulación corre a un mismo costado del barco, no suele ser por disciplina: suele ser porque algo cruje en la estructura”.

¿Qué teme el Gobierno?

La pregunta es inevitable. ¿Por qué tanto rechazo a un jurado popular? ¿Por qué tanta prisa en blindar la inocencia? ¿Por qué ese empeño en desacreditar una figura jurídica que ellos mismos aprobaron?

Hay quien apunta a la imprevisibilidad del ciudadano”, que no se controla ni se designa. Otros señalan el coste político” de ver a la esposa de la presidente juzgada por personas comunes, sin toga, sin carrera judicial, sin vínculos institucionales. Y hay quien sospecha que el temor es más profundo; que el caso pueda abrir una vía de agua en la línea de flotación del Ejecutivo.

No afirmo nada. Solo observo que la reacción ha sido desproporcionada, casi ansiosa. Y en política, como en la mar, la ansiedad suele anunciar “temporal duro” y ya saben lo que dice nuestro refranero marinero…” Gaviotas juntas que se van para tierra, barcos a la mierda”

La ironía final: defender la ley atacando la ley

Resulta irónico —y preocupante— que un Gobierno que presume de legalista se dedique a cuestionar una institución prevista por la ley”, aprobada bajo su propio signo político y diseñada para reforzar la transparencia judicial.

No es buen ejemplo. No es buena pedagogía democrática. No es buena señal.

Porque cuando un Gobierno empieza a temer a la Ley, hay que empezar a temer por la próxima soñada deriva “chavista bananera” del Gobierno e inevitablemente, comenzaremos a sospechar, que les ocurrirá lo que en la mar nos anuncian las gaviotas, cuando en tromba se largan todas a refugiarse en tierra. Y es que como decimos los mauro de mi pueblo de Telde… En España en este momento y por culpa del gobierno social comunista de Pedro Sánchez, “hay reboso” o dicho de otra forma menos fina, pero más canaria…. No hay muladar sin pulgas, ni linajes sin putas, y, además, sabes bien que … ¡Casos se ha dado!

¡Qué cosas!

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España, Campeona Del Mundo
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España, campeona del mundo “cuando un país entero cambia de rumbo”

La noche de Nueva York quedó suspendida en un instante que ya pertenece a la historia. España ganó el Mundial con justicia, con talento y con una serenidad que solo muestran los equipos que saben quiénes son y hacia dónde navegan. Antes de entrar en materia, corresponde —como buen gesto de gratitud nacional— felicitar a todos los que hicieron posible este triunfo; jugadores, cuerpo técnico, médicos, analistas, utilleros, y también a esa afición que, desde cada rincón del país, empujó como un viento favorable que jamás dejó de soplar. A todos ellos, gracias. Porque lo que lograron no es solo un título; es una página luminosa en la memoria colectiva de un país que, por unas horas, volvió a sentirse unido, orgulloso y capaz de todo. “La mente humana: grandeza, pequeñez y el misterio de lo colectivo” Hay fenómenos que revelan la grandeza de la mente humana, y otros que muestran su fragilidad. El fútbol —ese juego aparentemente simple— es uno de los espejos más nítidos donde ambas dimensiones se reflejan. Resulta fascinante observar cómo un acontecimiento deportivo puede alterar el estado emocional de millones de personas, modificar su percepción del futuro, influir en la política e incluso afectar a la economía de un país. No es exageración; es psicología social, es neurociencia, es sociología, es economía conductual. Y es, sobre todo, humanidad. Un partido de fútbol, incluso uno tan decisivo como la final de un Mundial, no debería tener la capacidad de mover el ánimo de una nación entera. Pero lo hace. Y lo hace porque la mente humana —esa brújula a veces precisa, a veces caprichosa— responde con intensidad a los símbolos, a las narrativas compartidas, a la sensación de pertenencia. Somos seres que necesitan historias para orientarse, igual que un capitán necesita estrellas para trazar su derrota. “El oleaje emocional de un país” Cuando España ganó en Nueva York, el país experimentó un fenómeno que los psicólogos llaman “elevación colectiva”; una mezcla de orgullo, alivio, esperanza y euforia que se propaga como una ola. Esa ola tiene efectos reales “En la política”, porque los gobiernos —todos, sin excepción— saben que el estado emocional de la ciudadanía influye en la percepción de la gestión pública. Un país feliz es un país más tolerante, más paciente, más dispuesto a escuchar. “En la economía”, porque la confianza es un motor tan poderoso como el capital. Tras grandes triunfos deportivos, el consumo suele aumentar, las inversiones se aceleran y el PIB registra pequeños repuntes. No por magia, sino porque la gente cree que las cosas van a ir mejor. “En la cohesión social”, porque por unas horas desaparecen las diferencias, las tensiones, los agravios. El país se convierte en un barco donde todos reman al mismo compás. Es sorprendente, sí. Pero también profundamente revelador. “¿Grandeza o pequeñez?” Aquí surge la pregunta esencial: ¿Es grandeza de la mente humana que un partido de fútbol pueda elevar el ánimo de millones? ¿O es pequeñez que algo tan trivial pueda influir en la política o en la economía? La respuesta, como casi siempre en la vida, es doble. “Es grandeza” porque demuestra nuestra capacidad para emocionarnos juntos, para compartir símbolos, para sentirnos parte de algo mayor que nosotros mismos. Esa es la base de toda cultura, de toda nación, de toda comunidad. Pero también “es pequeñez” porque revela nuestra vulnerabilidad ante estímulos que, racionalmente, no deberían tener tanto peso. La mente humana es un barco magnífico, pero a veces demasiado sensible al oleaje. “El rumbo que marca una victoria” Un triunfo como el de España en Nueva York no cambia por sí solo el destino del país. Pero sí cambia el ánimo, y el ánimo es el viento que mueve las velas de la política, de la economía y de la vida cotidiana. No es casualidad que los grandes momentos deportivos coincidan con repuntes de optimismo nacional, con mejoras en la percepción internacional y con un aumento del sentimiento de unidad. La victoria no es solo deportiva; es simbólica. Y los símbolos, en la historia de los pueblos, han movido montañas. España, tras este Mundial, navega con un viento nuevo. No es un viento permanente —ningún viento lo es—, pero sí es un viento aprovechable. Y dependerá de nosotros, como sociedad, decidir si lo usamos para avanzar o si dejamos que se pierda en la mar abierta. “Como conclusión final, puedo afirmar que, aquí la mar ejerce como metáfora de un país que avanza” La mente humana es como la mar; vasta, profunda, imprevisible. A veces calma, a veces tempestuosa. Capaz de reflejar el cielo con una belleza serena, y capaz también de desatar tormentas que cambian el rumbo de los barcos. El triunfo de España en Nueva York es una ola. Una ola hermosa, poderosa, luminosa. No durará eternamente, pero mientras dure, conviene aprovecharla para remar con más fuerza, para creer un poco más en nosotros mismos, para recordar que un país “ESPAÑA”, es, al final, una tripulación que necesita ánimo, confianza y horizonte. Y ayer, España vio el horizonte más claro que en mucho tiempo, y a mi solo me resta decirle a su selección y al mejor estilo marinero: “¡Buena guardia compañero! Y cuando estés de guardia, no olvides el sueño del piloto…Si cierras un ojo abre el otro, porque tú como los viejos lobos de mar sabemos, que durante la navegación … ¡Casos se han dado! ¡Qué cosas!