Fronteras
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¿Quién recuerda el instante exacto en el que un simple árbol dejó de pertenecer a un lado para empezar a pertenecer a otro? El viento nunca ha pedido permiso para cruzar lugares; las nubes jamás han necesitado pasaporte; y los pájaros siempre han volado sin saber que cierto día, bajo sus alas, alguien decidió dibujar una línea invisible.

Las fronteras solo existen para quienes necesitan creer que el mundo puede dividirse, aunque eso nunca llegue a suceder.

Siempre que viajo, me gusta imaginarme a mí misma dentro de un mapa, cruzando de un lado a otro con solo saltar por encima de una raya. No es que busque cambiar de país, sino que, más bien, disfruto descubriendo lo curiosos que son los lugares donde termina cierto país y empieza el siguiente. Una grieta en la tierra, una carretera sin asfaltar, una señal… y a ambos lados, la misma hierba, el mismo sol, el mismo aire.

Y cuando llego a esos lugares y me asomo, comprendo que las fronteras no son más que una extraña invención, necesaria para el ser humano, pero inexistente, al fin y al cabo. El verano de 2010 tuve la suerte de sentarme, durante unos minutos, en una roca situada en el límite entre dos pequeños países europeos, y observar a una mariposa. Vi cómo cruzaba la línea varias veces, de un lado a otro, repitiendo el trayecto en círculos con la misma naturalidad de quien jamás ha escuchado hablar de límites.

Pensé en lo afortunada que era. Ella nunca sabrá a qué lugar pertenece, de dónde viene ni hacia dónde se dirige. Siempre será libre.

Cuando el sol comenzó a esconderse, la frontera desapareció, la oscuridad se apoderó de ella y ambos lados dejaron de diferenciarse. La noche los cubrió con la misma intensidad, demostrando que, para ella, no existían las divisiones.

Regresé a casa con la sensación de haber descubierto un antiguo secreto: las fronteras no son físicas, no están hechas de piedra ni de alambradas, solo de acuerdos silenciosos, sostenidos por quienes deciden creerlas. Quizá por eso el mar, los ríos, la lluvia y los árboles llevan tantos años intentando recordarnos que el mundo ya existía mucho antes de nuestro empeño por dibujarlo.

Y sospecho que, cuando ya no quede nadie para señalar aquellas líneas sobre los mapas, el viento seguirá cruzándolas sin darse cuenta de que alguna vez existieron.

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Ecos de Sociedad
Redacción NorteGranCanaria

ECO LEONE, ganador del Certamen LPA EMER-GENTE

El LPA BMUSIC FESTIVAL cerraba la decimotercera edición el pasado 13 de septiembre tras cuatro días de música, amigos, sinergias y, sobre todo, de apoyo a muchos de los músicos canarios que forman parte del cartel año tras año. Destacamos que, entre ellos, no solo se dio voz a grupos consagrados; también hubo seis bandas que formaron el plantel del LPA EMER-GENTE, ese concurso que crece cada año de una forma ilusionante. 72 fueron los proyectos inscritos este año. Y yo, desde ahora, pronostico que el año que viene superarán los 100. Fueron 30 los seleccionados que conformaron la semifinal desarrollada en la terraza del Centro Comercial Las Arenas durante los 10 fines de semana anteriores al festival. De ellos, tres pasaron a la final por los votos del público y otros tres por el criterio de la organización. Y ahí se plantaron en la final, que se presentó reñida por la calidad de los trabajos. Tres bandas el viernes 11 y tres el sábado 12 tuvieron su media hora de intentar convencer al jurado de que serían la banda más emer-gente de todas. Y el premio cayó de las manos de ECO LEONE, por estrecho margen, pero merecido. Una cosa que este leonés deberá reconocer es que tuvo rivales muy impresionantes. De hecho, eso es lo que destaco en la edición de este año: la calidad de muchas de las propuestas que hubieran podido llegar a la final. Muchas de ellas se están atreviendo a hacer algo diferente, a buscar su imagen separándola de toda la música comercial que se hace en esta época en la que, tan repetitivamente, se imitan unos cantantes a otros. Tenemos brotes verdes de talento en las islas. Debe ser justo, antes de hablar del ganador, nombrar a las otras cinco finalistas. Empezó ENDLESS BRIDGE con su pop británico mezclado con tintes de hard rock que, en algunos pasajes, me pudieron sonar a The Cranberries o The Cardigans. El mismo sábado siguió una banda clásica en nuestras salas de rock de la isla, BIFIDOS. Brillantes desde su propuesta de hard rockabilly, o lo que es lo mismo, tomar la esencia del rocanrol y llevarla a la estética hardcore. Las bandas del viernes se cerraron con EPEBO, la banda de Sardina del Sur con su metal progresivo que huye de lo comercial con sus métricas irregulares. El sábado se abrió con EL BAÚL DE VAGAMUNDOS. Es de los grupos que me gustan por apostar por la fusión. El mestizaje de la música nos hace avanzar hacia futuros cargados de nuevas culturas. Ellos lo encarnan con su acústico de ritmos latinos y urbanos más actuales. Para mí, la cantante que siguió me situó, como manager de grupos que fui, en el pensamiento de que, si alguno se fija en ella, la saca adelante para llenar conciertos. Lo visualicé. Les hablo de BEA PLADE. La tinerfeña afincada en Madrid se sacó media hora de música de la que les gusta a los jóvenes de hoy con letras escritas para ellos. Si alguna de las canciones la hubiera sacado Rosalía, les aseguro que funcionaría. Espero oírla más con su indie pop con apuntes electrónicos de canciones que nos llevan a vivir emociones. Y el último fue el primero… en las votaciones del jurado. ECO LEONE fue un torbellino que logró ponernos a dar brincos a todos. Fue pura fiesta. La rumbita que no puede faltar en un buen sarao se mezcló con ritmos latinos y con una pegada urbana que lo convierte en un producto muy actualizado. ECO LEONE es un leonés residente desde hace seis años en Gran Canaria. Hermanado con la banda de Edu el Podenco (finalista de la edición del año pasado), se apoyan para sacar sus bandas adelante. Mucha calidad en la ejecución con las guitarras que arrastran del flamenco que los une. Este chico ha sabido jugar con los temas. Según él, “la rumba y los ritmos latinos son los que compongo y luego, en la producción y la forma de presentarla, quizás busco que sea más disfrutable y que la pueda poner un DJ o escucharse en casa”. Mucho tuvo que ver en su estilo los años que pasó en Sudamérica, en los que tocaba por las calles o en las guaguas. “Me gusta mucho todo ese tipo de músicas del mundo. Incluyendo el latino como el callejero. Trato de llevarlo a un terreno más urbano, porque es que hay otra forma de verlo. Si a ti te gusta hacer música urbana y la viertes en la rumba, en la cumbia o en la bossa nova, pues también. Me gusta eso de echarme un chanteito o los rapeos que se hacen en el reguetón”, me cuenta. Leone ha entendido que a la gente de ahora le encanta el espectáculo. Su música no debe quedar de lado, pero les aseguro que supo canalizar toda la energía en conseguir la respuesta del público. “Cantar por la calle teniendo que animar a la gente te da muchas tablas y tú estás ahí para entretener, para hacer que la gente tenga un momento feliz y que se olvide de las cosas o lo que sea”, valora. Y ahí le doy toda la razón. Yo no iría a un concierto de Bad Bunny, pero entiendo a la gente que paga más de 100 euros porque lo que están comprando es el momento, el estar ahí, el disfrute de tener un recuerdo para siempre. Ya, lo de la calidad musical, es bastante secundario en estos tiempos modernos. Yo asistí al concierto de Robbie Williams y se le escaparon más de diez “gallos” (“desafines” para los puristas). ¿Y? Yo estuve allí y lloré un par de veces de emoción. De eso se trata. Eco Leone declara que sus influencias van desde Camarón y Paco de Lucía a Caetano Veloso a la hora de componer letras y, sobre todo, de Jorge Drexler, que es de donde ha sacado su nombre «Eco». Esto es por el título del octavo disco del