Juan Manuel Santiago Estévez pertenece a esa generación de guienses cuya historia se ha ido construyendo entre el trabajo, la familia, los amigos, las tradiciones y los terreros. Hijo del recordado luchador Manuel Santiago González, “Magüé” lleva toda una vida estrechamente unido a San Roque, Las Marías, la lucha canaria y a un pueblo que forma parte inseparable de su historia.
Hay personas a las que en un pueblo casi nadie llama por su nombre completo. No hace falta. Basta pronunciar un apodo para saber perfectamente de quién se habla.
En San Roque y en buena parte de Santa María de Guía ocurre eso cuando alguien pregunta por Magüé.
Detrás de ese nombre está Juan Manuel Santiago Estévez, uno de esos personajes que han ido formando parte de la vida cotidiana del municipio sin necesidad de ocupar continuamente los primeros planos.
Su historia está repartida entre los recuerdos de juventud, el trabajo, la familia, los terreros de lucha, Las Marías, los amigos y, sobre todo, una vinculación con San Roque que ha permanecido con el paso de los años.
Hijo de Manuel Santiago González, un hombre muy querido en Guía
La lucha canaria forma parte de la propia historia familiar de Magüé.
Es hijo de Manuel Santiago González, Manolo, uno de aquellos hombres que dejaron un recuerdo especialmente entrañable entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo en Santa María de Guía.
Manolo nació en el municipio el 15 de febrero de 1943 y falleció el 13 de octubre de 2023. Fue pintor y camarero de profesión, pero su vida dio para mucho más. Cocinero, pescador, colaborador de las fiestas y, especialmente, luchador y entrenador de lucha canaria, estuvo profundamente ligado a su pueblo.
Aprendió los fundamentos de la lucha con Ramón Jiménez y destacó sobre la arena por sus recursos técnicos y por ser un rival difícil de derribar. Una lesión en las rodillas terminó prematuramente con su etapa como luchador, pero no consiguió apartarlo del terrero.
Con los años entrenó, entre otros, al Ramón Jiménez y al Club de Lucha Atalaya, transmitiendo sus conocimientos a generaciones posteriores.
En aquella casa, por tanto, la lucha canaria no era algo lejano.
Formaba parte de la conversación, de los recuerdos y de una manera de entender el deporte y la vida.
Y años después sería precisamente su hijo quien escribiría su propia historia dentro y fuera de los terreros.
El muchacho de San Roque
Pero antes del luchador, del dirigente deportivo y del hombre profundamente implicado en las tradiciones de su barrio estuvo el muchacho.
Magüé perteneció a aquella generación que creció cuando las calles, los barrancos, las fincas y los callejones constituían el principal territorio de juegos.
Santiago Gil lo dejó reflejado años después en su recordado texto La pandilla de San Roque, donde aparece Juan Manuel Santiago junto a muchos de aquellos jóvenes que compartieron infancia.
Era otro San Roque.
Había espadas de madera, tirachinas, arcos fabricados con palma, flechas de caña, casetas improvisadas y rincones que para aquellos muchachos tenían nombres propios y constituían pequeños mundos.
En ese ambiente creció Magüé.
Una época en la que las amistades nacían en la calle y muchas terminaban acompañando a las personas durante toda la vida.
Magüé no fue carpintero: era lacador
Hay una parte de su trayectoria laboral que merece ser contada correctamente.
Magüé no era carpintero.
Durante una etapa echó una mano en una carpintería situada en el Barranco de Las Garzas, frente a lo que muchos guienses continúan recordando como el Instituto Viejo de Guía, en una zona donde actualmente se encuentran, entre otras dependencias, instalaciones de la Escuela Oficial de Idiomas.
Su trabajo allí era otro.
Magüé era el lacador.
Su terreno era la preparación de las superficies, la pintura y los acabados.
Y aquella habilidad no se quedaba únicamente en los trabajos que salían de la carpintería.
Pintaba coches, motos y prácticamente todo aquello que le cuadrara.
Si había algo que preparar, pintar y dejar con un buen acabado, Magüé encontraba la manera de hacerlo.
Era otra época. Muchos oficios se aprendían mirando, trabajando y acumulando experiencia con las propias manos hasta alcanzar una habilidad que después servía para enfrentarse a casi cualquier encargo.
Curiosamente, la pintura también había formado parte de la vida profesional de su padre.
Otra pequeña conexión entre ambos.
Loly, sus hijos y una familia que ha crecido junto a él
Junto a San Roque, la lucha y sus amigos existe otro pilar fundamental para comprender la vida de Magüé: su familia.
En marzo de 1988 se casó con Loly, con quien ha compartido desde entonces buena parte del camino recorrido.
Del matrimonio nacieron sus dos hijos, Leroy y Acoidán.
Con el paso de los años la familia continuó creciendo. Llegó Judith, su nuera, y después sus dos nietos, Athenea y Ivar.
Es la parte más íntima de una vida que muchas veces se conoce únicamente desde fuera por la lucha canaria, San Roque o Las Marías.
Porque detrás del antiguo luchador, del dirigente del Ramón Jiménez y del hombre siempre dispuesto a colaborar está también el marido de Loly, el padre de Leroy y Acoidán y el abuelo de Athenea y Eviar.
Y precisamente uno de sus hijos, Leroy, terminaría compartiendo con él algunas de esas inquietudes que han acompañado a Magüé durante tantos años.
Cuando Magüé también se ponía el calzón de brega
Antes de convertirse en dirigente deportivo, Magüé fue luchador.
Quienes vivieron aquella época recuerdan a Juan Manuel Santiago Estévez metido en las agarradas y compartiendo terrero con nombres conocidos de la lucha canaria del Norte.
Coincidió con luchadores como Zoilo Domínguez, “Pollo de Moya”; José Luis, “Pollo de la Plaza”; Félix Díaz o Pancho el Rubio, entre otros.
La lucha, por tanto, no apareció en su vida cuando años después asumió responsabilidades dentro del Club de Lucha Ramón Jiménez.
Magüé conocía la arena desde abajo.
Desde el lugar donde realmente se aprende lo que significa este deporte: agarrando, cayendo, levantándose y regresando nuevamente al centro del terrero.
Y, además, llevaba la lucha en casa.
Era hijo de un luchador.
Las Marías, San Roque y una pasión que continúa de padres a hijos
Si hay un lugar al que la vida de Magüé permanece especialmente unida, ese es San Roque.
Allí creció, allí están muchos de sus recuerdos y allí continúa participando activamente en algunas de las tradiciones que mejor representan el sentimiento popular de Santa María de Guía.
Entre ellas, naturalmente, están Las Marías.
Su relación con esta celebración viene de lejos. Fotografías conservadas de las fiestas de 2005 y 2006 ya identificaban a Juan Manuel Santiago, “Magüé”, como una persona muy vinculada a Las Marías y especialmente querida entre quienes participaban en ellas.
Pero en su caso nunca se trató únicamente de estar presente el día de la fiesta.
Magüé ha sido durante años uno de esos vecinos dispuestos a echar una mano cuando San Roque lo necesita.
Un buen ejemplo se produjo en 2015, durante la visita de la Virgen de Guía al barrio con motivo de Las Marías. Se implicó en la venta de diferentes recuerdos para ayudar a sufragar los gastos de los actos que iban a celebrarse.
Una vez pagados aquellos gastos quedó un remanente.
Y ese dinero tuvo un destino muy concreto: la adquisición de un nuevo equipo de megafonía para la ermita de San Roque.
No era una gran obra destinada a ocupar titulares.
Era sencillamente resolver una necesidad del barrio.
Y ese tipo de gestos probablemente explican mejor que cualquier reconocimiento público la forma que Magüé ha tenido siempre de relacionarse con San Roque.
Esa implicación continúa también a través de la Peña de San Roque, con la que mantiene una estrecha vinculación y en la que participa muy activamente junto a su hijo Leroy.
Padre e hijo comparten así una manera de entender el barrio que va mucho más allá de vivir en él o acudir a sus fiestas.
San Roque es algo que se cuida, se mantiene vivo y se transmite.
La Peña representa precisamente ese espíritu: personas que dedican tiempo, trabajo y esfuerzo para que la actividad del barrio y sus tradiciones continúen pasando de una generación a la siguiente.
Y allí están Magüé y Leroy.
Una generación al lado de otra.
Tres generaciones vinculadas a la lucha canaria
La relación entre Magüé y su hijo adquiere todavía otra dimensión cuando se observa desde la lucha canaria.
Su padre, Manuel Santiago González, fue luchador y entrenador.
Magüé también fue luchador y, con el paso de los años, llegaría a presidir el histórico Club de Lucha Ramón Jiménez.
Y Leroy, hijo de Magüé, también ha estado ligado a la directiva del club.
Tres generaciones relacionadas, de distintas maneras, con una misma tradición.
No es solamente una coincidencia familiar.
Es también un ejemplo de cómo determinados valores, aficiones y compromisos terminan pasando de padres a hijos casi sin necesidad de explicarlos.
Quince años después, el Ramón Jiménez volvió a luchar
Uno de los capítulos más importantes de la trayectoria de Magüé relacionada con la lucha canaria se produjo en 2017.
El histórico Club de Lucha Ramón Jiménez llevaba quince años apartado de la competición.
Había desaparecido de los terreros en 2002 y toda una generación había crecido en Guía sin poder ver regularmente al club representando nuevamente al municipio.
Las escuelas infantiles comenzaron a mover la cantera y aquel proyecto encontró el respaldo de una nueva directiva.
Al frente estaba Juan Manuel Santiago, Magüé.
En octubre de 2017 Guía volvió a tener competición de lucha canaria.
El Ramón Jiménez regresó a los terreros formando parte de la Tercera Categoría de Gran Canaria.
No era simplemente recuperar un nombre.
Había que reunir luchadores, organizar una directiva, trabajar con los jóvenes, conseguir apoyos, recuperar aficionados y devolver continuidad a un club que representa una parte importante de la memoria deportiva del municipio.
Magüé pasó así de haber conocido personalmente las agarradas a trabajar para que otros pudieran continuar disputándolas.
Presidente del club de su pueblo
Dos años después continuaba al frente del Ramón Jiménez.
En febrero de 2019, cuando el terrero municipal de Santa María de Guía recibió oficialmente el nombre de Salustiano Álamo Suárez, Juan Manuel Santiago Estévez participó en el acto como presidente del club.
Aquel homenaje reunió a diferentes generaciones de la lucha guiense.
Estaban antiguos luchadores, aficionados y representantes de un club que continuaba tratando de mantener vivo todo aquel legado.
Magüé estaba entre ellos.
Pocos meses después volvería a San Roque para participar en otro acto con una enorme carga sentimental.
Ramón Jiménez vuelve simbólicamente a San Roque
El 30 de mayo de 2019, la plazoleta de la calle Tío Ortega acogió el descubrimiento de un busto dedicado a Ramón Jiménez Santana, uno de los grandes impulsores de la lucha canaria en Santa María de Guía durante el siglo XX.
Familiares, antiguos luchadores, vecinos y aficionados acudieron para recordar a un hombre que durante años había buscado muchachos por Guía con la intención de enseñarles a luchar.
Entre quienes participaron en aquel reconocimiento se encontraba nuevamente Juan Manuel Santiago Estévez.
Como presidente del Ramón Jiménez, Magüé entregó un presente a las hijas del homenajeado, acompañado por luchadores del club.
Para él aquel momento tenía además una dimensión muy especial.
Su propio padre, Manuel Santiago González, había aprendido precisamente los fundamentos de la lucha de la mano de Ramón Jiménez.
Décadas después era su hijo quien, como presidente del club que llevaba su nombre, participaba en el reconocimiento público a aquel hombre.
La historia volvía, de alguna manera, al mismo lugar.
Guardar los papeles para que la historia no desaparezca
Existe otra faceta de Magüé menos conocida, pero especialmente valiosa.
Magüé guarda historia.
Y no solamente en sus recuerdos.
También conserva documentos.
En junio de 2026, con motivo de los 80 años de la fundación del Club de Luchadores Ajódar, salieron nuevamente a la luz numerosos documentos relacionados con aquel histórico conjunto constituido en 1946 y que llegó a reunir a algunos de los mejores luchadores de la comarca Norte.
Parte de aquella documentación había sido conservada y facilitada por Juan Manuel “Magüé” Santiago Estévez.
Entre esos fondos aparecen antiguos carnés de luchadores, copias de actas de luchadas celebradas durante los años cuarenta, documentación sobre diferentes encuentros y otros papeles que permiten reconstruir pequeños fragmentos de la historia de la lucha canaria en Guía.
Documentos que para cualquiera podrían parecer simplemente papeles viejos.
Pero detrás de cada uno hay nombres, fechas, luchadas y personas.
Sin alguien que hubiese decidido guardarlos, probablemente muchos habrían terminado desapareciendo.
Magüé no solamente participó en la lucha.
También ha ayudado a conservar su memoria.
El hombre detrás del apodo
Quizá ahí esté la mejor manera de explicar quién es Magüé.
Es el hijo de Manuel Santiago González, aquel luchador, entrenador, pescador, cocinero y hombre querido que tantas personas continúan recordando en Guía.
Es uno de aquellos muchachos de la pandilla de San Roque que convirtieron calles y barrancos en su patio de juegos.
Es el joven que trabajaba como lacador en aquella carpintería del Barranco de Las Garzas, pintando trabajos de madera, coches, motos o cualquier cosa que se le pusiera por delante.
Es el hombre que en marzo de 1987 se casó con Loly y formó una familia con sus hijos Leroy y Acoidán, a la que después se sumarían Judith y sus nietos Athenea y Eviar.
Es el luchador que un día se puso el calzón de brega.
Es el hombre de Las Marías.
Es el vecino profundamente unido a San Roque.
Es quien continúa implicándose en la Peña de San Roque junto a su hijo Leroy, manteniendo viva una vinculación con el barrio que pasa de una generación a la siguiente.
Es quien años después asumió la presidencia del Ramón Jiménez y participó en el regreso del histórico club a los terreros después de quince años de ausencia.
Y es también quien ha conservado durante décadas documentos que ayudan hoy a reconstruir una parte de la memoria deportiva de Guía.
Son muchas historias dentro de una misma vida.
Por eso, cuando en San Roque alguien dice Magüé, probablemente no necesita añadir Juan Manuel Santiago Estévez.
Los pueblos funcionan así.
Hay personas a las que el paso de los años termina convirtiendo en parte del paisaje humano de un lugar.
Magüé, sin duda, es una de ellas.
NOTA del director de este medio
Mi agradecimiento más sincero a Magüé por abrirnos las puertas de San Roque y, sobre todo, las de su amistad. Gracias por compartir recuerdos, vivencias y tantos pedacitos de la historia de Guía. Y como tú bien dices: “Las mañas no pierdas”.
Fernando Malaxechevarría Suárez
Director de NorteGranCanaria.com