“Cuando el gobierno abandona el pabellón nacional”
Escribo este articulo como “PATRIOTA” español y con la “dignidad y honor del que ha visto mares en calma y mares traicioneros,” y aun así ha sabido mantener el rumbo firme.
Porque hay días en los que un país se mira al espejo y no reconoce el rostro que ve. Días en los que el honor y dignidad nacional, esa que nuestros mayores defendieron con uñas, sangre y honor, parece haber sido arriada del mástil sin ceremonia, sin duelo y sin vergüenza.
El pasado “2 de septiembre” fue uno de esos días… Pero también fue su contrario.
Porque España vivió “la mayor manifestación simultánea de su historia”, un rugido coral que recorrió plazas, pueblos, avenidas y rincones donde jamás antes se había visto tantas banderas españolas juntas ondeando al unísono. Yo estuve allí. Estuve “en La Plaza de Santa Ana, Las Palmas de Gran Canaria, y estuve en la de San Juan, en Telde”. Y en ambos lugares sentí lo que hacía tiempo que no sentía: “el orgullo de sentirme español, hermandad, raza, unidad”, porque España, cuando despierta, es un acorazado. Y aquel día navegó como tal.
Pero la alegría duró lo que tarda en romperse una ola contra el costado del barco.
“El informe que destapa la mentira”
Al llegar a casa, encendí la televisión para escuchar las noticias. Y allí, como un mazazo, apareció el dato que me heló la sangre; “un informe de 51 páginas del jefe de la Policía Nacional de Ceuta, demostrando que el asalto a la ciudad fue intencionado, planificado y ejecutado por las autoridades marroquíes”.
No fue un accidente. No fue un episodio espontáneo. No fue una desgracia humanitaria. Fue “una operación política, orquestada desde Marruecos y con el visto bueno de su rey Mohamed VI” que, una vez más y ante la evidente flaquea y debilidad y falta de apoyos, por parte de Europa, y gran parte de España, donde incluyó a los militantes de su propio partido PSOE auténtico, se decidió a probar con otro intento de una nueva Marcha Verde actualizada, sobre Ceuta.
Hasta aquí, la gravedad es enorme. Pero lo que vino después es lo que convierte la indignación en rabia y la rabia en humillación.
Porque mientras Marruecos movía sus fichas, “el cobarde y traidor del presidente Pedro Sánchez y sus ministros de forma más que sospechosa de traición a la patria, nos mentían. Nos mentían a sabiendas. Nos mentían para proteger a Mohamed VI. Nos mentían para ocultar la agresión. Nos mentían para no incomodar al vecino que ya ha demostrado ante el mundo, que puede abrir y cerrar la frontera como quien abre y cierra un grifo”.
“El Congreso: un teatro de excusas”
Ayer, escuchando al Sánchez en el Congreso, ya no supe si sentía “pena, asco o rabia” Quizá las tres cosas a la vez. Porque debo confesar que a mi edad y después de haber surcado todos los mares del mundo, soportado terribles temporales, nunca consiguieron éstos alterarme más allá de la lógica preocupación de un capitán, para con sus hombres y su nave, y ahora debo confesar que este tipejo de Pedro Sánchez, con esa cara de “tonto del culo y traidor” que tiene, consiguió lo que nunca me había ocurrido, “sacarme de mis casillas, cunado lo escuchaba por televisión desde el Congreso de los Diputados, defendiendo una vez más al rey moro Mohamed VI , mintiendo y al mismo tiempo humillando a los españoles y a su ministra Margarita Robles ; pues fueron explicaciones torticeras, más propias de , “coartadas infantiles de colegio” o de un delincuente que lucha para salvar su pellejo. Y desde luego más dirigida a sus alumnos adoctrinados de la LOGSE “socialista sanchista”, que a un pueblo sabio y noble como es el español, representado allí por sus diputados libremente elegidos en las urnas No fueron argumentos; fueron “evasivas”. No fueron palabras de un gobernante; fueron “las frases de quien ya no gobierna, sino que obedece”.
Y mientras hablaba, mientras se justificaba, mientras intentaba envolver las mentiras en celofán institucional, yo sentía algo que jamás antes había sentido; “que mi propio gobierno me escupía en la cara”. A mí, a ti y a todos los españoles que ese día salimos a la calle con las banderas españolas en la mano y el corazón en alto.
¿Dónde está el honor del puente de mando?
Como marino, sé que hay momentos en los que el capitán debe actuar. Momentos en los que la ley escrita no basta, porque la ley no siempre prevé el temporal, el abordaje o la traición. Momentos en los que el honor es la única brújula fiable y que éste, debe estar, sin dudarlo, incluso por encima de la misma Ley
Y ayer, viendo el espectáculo del Congreso, me pregunté algo que jamás me había formulado en voz alta: ¿Ha llegado la hora de que el Rey Felipe VI, como Capitán General de los Ejércitos, tome el mando?
No por ambición. No por gloria. No por nostalgia. Sino por “supervivencia nacional”.
Porque España es un barco que actualmente va a la deriva. Y quienes deberían estar en el puente de mando “han abandonado el timón”, han roto la carta náutica y han decidido navegar según los caprichos de Marruecos y su Rey Mohamed VI.
“La Constitución no puede convertirse en un escudo para cobardes y traidores”
La Constitución española es un marco, no una mordaza. Es una guía, no una excusa. Y jamás fue concebida para proteger a quienes “permiten que la dignidad nacional sea pisoteada”.
Cuando un gobierno miente como lo está haciendo para encubrir una agresión extranjera, cuando un gobierno oculta información vital a su pueblo, cuando un gobierno renuncia a defender la soberanía, entonces ese gobierno “ha dejado de ser gobierno, para convertirse en pandilla de delincuentes”.
Y España, “no puede seguir siendo humillada día tras día”. Porque los españoles de verdad. Los que amamos a la patria como madre que es, no lo vamos a consentir.
“España despertó el día 2. Ahora falta que despierte quien debe gobernarla”
El que no vea en la manifestación de “AYER FUE UN PLEBISCITO” a Pedro Sánchez y a su gobierno social comunista, es que, o está ciego o su adoctrinamiento “sanchista” es tal, que sus ojos no le dejan ver la realidad. España habló. Ahora falta que alguien la escuche. Porque lo que vivimos en las plazas fue un aviso. Un rugido. Un recordatorio de que España sigue viva, fuerte, unida, orgullosa de ser una gran nación. Pero también fue un mensaje: “no aceptaremos más mentiras. No aceptaremos más humillaciones. No aceptaremos que se siga protegiendo a proteja a Marruecos mientras se abandona Ceuta, a Margarita Robles, ministra de defensa o a nuestro CNI”.
“LA HERIDA ABIERTA — HISTORIA, GEOPOLÍTICA Y EL DEBER DEL REY DE ESPAÑA”
Si con el asalto a Ceuta quedó claro que fue una humillación, no lo fue en el vacío. Tiene raíces. Tiene antecedentes. Tiene doctrina. Y tiene responsables.
Por eso, esta segunda parte de mi artículo es necesaria, para que el lector entienda que lo ocurrido no es fue episodio aislado, sino “una maniobra que encaja en una estrategia marroquí de décadas”, y que España, en su deriva política, ha olvidado cómo se responde a quienes ponen a prueba su soberanía.
“La Marcha Verde: el precedente que nunca se cerró”
La historia es un faro, y cuando se apaga, el barco queda a merced del oleaje.
En 1975, mientras España agonizaba políticamente por la enfermedad de Franco, Marruecos lanzó la operación que marcaría su doctrina exterior para siempre; “la Marcha Verde”.
Cientos de miles de civiles —organizados, dirigidos y escoltados por el ejército marroquí— avanzaron hacia el Sáhara español. No fue una manifestación. No fue un movimiento espontáneo. Fue “una invasión demográfica” diseñada para forzar a España a abandonar un territorio.
Marruecos aprendió tres lecciones que hoy sigue aplicando: “Presión demográfica” — sustituir tanques por masas humanas. “Como aprovecharse debilidad española” — “Como actuar cuando España está distraída o dividida”. Y el triste “silencio internacional” para poder moverse con éxito sin consecuencias externa.
La Marcha Verde no terminó en 1975. Sigue viva. Sigue siendo doctrina valida. Sigue siendo herramienta. Y Ceuta ha sido su eco más reciente.
“La doctrina marroquí de los “territorios pendientes”
Marruecos sostiene desde hace décadas que Ceuta, Melilla y Canarias son “territorios pendientes de descolonización”. Una afirmación sin base jurídica, sin respaldo internacional y sin lógica histórica; pero útil. Muy útil. Porque esa doctrina le permite: “Presionar fronteras, educar en reivindicación territorial, ganarse el apoyo árabe y negociar desde el chantaje, usando el mejor estilo del clásico regateo moro de mercadillo”.
Y mientras Rabat alimenta esa narrativa, España calla. Calla por miedo. Calla por dependencia energética. Calla por diplomacia mal entendida. Calla porque sus gobernantes prefieren evitar conflictos antes que defender la soberanía. Calla porque el traidor de Pedro Sánchez es consciente de que el Rey Mohamed VI posee unas grabaciones secretas de su teléfono móvil obtenidas a través del sistema de espionaje Pegasus y de cinco de sus ministros, que, si llegaran a ver la luz, porque el moro las filtrara, podría costarle al mismo Pedro Sánchez la cárcel por alta traición.
Pero el silencio, en geopolítica, “no es prudencia. Es cesión” y mas temprano que tarde nos enteraremos y se le caerá definitivamente la careta a Pedro Sánchez y a parte de su gobierno social comunista.
“Marruecos hoy es un actor que juega fuerte”
Marruecos no es el país de los años 80. Es un Estado que ha sabido, “Asegurar apoyo de EE. UU, fortalecer alianza con Francia, Controlar migración hacia Europa, Modernizar su ejército, Aprovechar la debilidad española”
Y cuando un país se siente fuerte, actúa. El asalto a Ceuta fue una demostración de poder. Un recordatorio de que Marruecos “puede abrir o cerrar la frontera cuando quiera”, y que España, con un gobierno dividido, débil cobarde y temeroso “no se atrevería a responder” e incluso a ponerse de rodillas ante Mohamed VI, si éste se lo exigiera”
“El papel constitucional del Rey de España; porque “el capitán” que no puede abandonar el puente de su barco”
La Constitución española, tan citada por quienes la usan como escudo para no actuar, establece algo que muchos parecen olvidar:
“El Rey es jefe del Estado. El Rey es símbolo de la unidad y permanencia de España. El Rey es el Capitán General de los Ejércitos” No gobierna, cierto. “Pero tampoco es un mero espectador”.
Cuando la soberanía nacional es atacada, cuando un gobierno oculta información vital, que puede perjudicar a su pueblo, como es el caso que nos ocupa, cuando la dignidad de España es pisoteada como ocurre ahora, cuando la mentira sustituye a la verdad, entonces el Rey, nuestro Rey, tiene “el deber moral ante su pueblo” —y algunos sostienen que también constitucional— de actuar como garante último de la nación.
No para sustituir gobiernos. No para romper la democracia. Sino para, “recordar que España no es propiedad de ningún partido”, sino de todos los españoles.
Y cuando el barco va a la deriva, el capitán no puede quedarse mirando el horizonte tan ricamente. Debe “alzarse”, aunque sea simbólicamente, para marcar el rumbo.
“España entera no puede seguir callando”
Porque la humillación sufrida en Ceuta no es solo un ataque exterior. Es un síntoma de algo peor: “la renuncia interior”.
Renuncia a decir la verdad. Renuncia a defender la frontera. Renuncia a exigir respeto. Renuncia a actuar como nación soberana.
Pero España no es un país cualquiera. Es una nación con siglos de historia, con sangre derramada por su bandera, con un pueblo que el día 2 demostró que “cuando la patria llama, responde”.
La pregunta ahora es: ¿Responderán también quienes están ahora mismo están ocupando la Moncloa?
Te lo preguntaré Pedro Sánchez, como lo haría en canario mauro de Telde como yo… ¿Cuándo te me vas a poner en marcha, mi niño? Y no te me pongas ahora con la corcova para detrás, haciéndote el peninsular, que la pregunta la entiende hasta uno de tus adoctrinados sanchita alumnos de la LOGSE, a los que hay que enseñarles la cartilla dos veces, porque no se enteran de nada, y mientras las casa inundándose y ellos sin enterarse; así que déjate ya de rodeos y deja el caroso millo por el grano porque… ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
