Hace unas semanas, Pedro Sánchez anunció en rueda de prensa la creación de un «Fondo Soberano». Al hacerlo en una comparecencia ordinaria, olvidó que el 80% de sus hipotéticos receptores son «pueblo llano» y que, para ellos, estaba hablando en chino mandarín. Lo he podido comprobar hablando con la gente de la calle.
Uno, que ya es «viejo lobo de mar» y ha visto mucho mundo, acumula ya demasiado salitre en la mirada como para que los árboles le impidan ver el bosque. Creo que el Presidente equivocó el lugar y el momento para vendernos este «nuevo invento» de su gobierno. De nuevo no tiene nada, más allá del nombre: «España Crece». Una denominación muy estética, más propia de un eslogan navideño de El Corte Inglés que de lo que realmente es: un fondo de inversión de toda la vida, aunque este lleve el apellido «Soberano» (como el soberano coñac de las Bodegas González Byass).
Pero, hablando en cristiano: ¿Qué es exactamente el Fondo «España Crece»?
Este fondo, anunciado a bombo y platillo, no es más que un instrumento público-privado destinado a movilizar inversiones en sectores estratégicos. Parte de 10.500 millones de euros del Plan de Recuperación y aspira a atraer hasta 120.000 millones de capital privado. En definitiva, es un vehículo gestionado por el ICO y financiado inicialmente con los fondos europeos Next Generation. Su objetivo declarado es multiplicar ese dinero mediante la entrada de inversores nacionales e internacionales.
Hay que destacar que, aunque lo llamen «soberano», no funciona como los grandes fondos clásicos —el noruego, por ejemplo—, que se nutren de superávits o recursos naturales. El de Sánchez nace de fondos europeos y deuda pública. El Fondo actuará mediante préstamos, avales y acciones, pero solo en «empresas estratégicas». No esperes que el Gobierno llame a tu puerta para financiarte un puesto de pipas en la plaza del pueblo.
¿A quién beneficia esto realmente?
-
A empresas estratégicas: Aquellas en sectores de vivienda, energía, IA o infraestructura que buscan modernizarse.
-
A inversores privados: El Estado les ofrece un marco de coinversión que reduce sus riesgos.
-
A la Administración: Permite financiar proyectos sin depender exclusivamente de los presupuestos generales.
¿Dónde está la trampa o el debate?
Como bien me enseñó mi recordado profesor de Economía Marítima, el catedrático y Capitán de la Marina Mercante D. Fernando Salvador Sánchez Caro —cuya formación técnica y humana era de otro nivel—, el diablo está en los detalles. Lo que entendería hasta un alumno de la LOGSE es que la desconfianza es legítima. Los expertos señalan que no es un fondo soberano «real» porque no sale de la riqueza propia del Estado, sino de ayudas y deuda.
Muchos tememos que esto se use para intervenir en empresas cotizadas bajo criterios políticos o para beneficiar al partido de turno. Y a mi «no estimado» Pedro Sánchez, le recordaría que la penicilina ya la inventó Fleming en 1928, y ese hombre de «político listillo» no tenía nada. ¡Qué cosas!