Como todo ciclo vital de gran intensidad, la experiencia del CEPA Las Palmas en tierras italianas ha llegado a su fin. Lo hace dejando tras de sí una estela de gratitud y una profunda transformación en sus protagonistas. Tras ocho días de inmersión en la cultura, la historia y el sistema educativo de la Toscana, el grupo cierra esta etapa con la nostalgia propia de las despedidas, pero con la plenitud de quien regresa con el equipaje cargado de aprendizaje.
El reencuentro con la luz de Florencia
El viaje, que comenzó como un desafío logístico desde Canarias, concluyó donde todo cobra sentido: en la eterna Florencia. Para la expedición del CEPA, caminar por sus calles no fue un simple ejercicio de tránsito, sino un acto de reconocimiento. El grupo se dejó envolver por esa belleza que ha irradiado al mundo durante cinco siglos, aceptando cada rincón y cada piedra histórica como parte de un relato vivo.
El punto culminante de esta despedida fue el encuentro con el Duomo. Bajo la imponente cúpula de Filippo Brunelleschi, los participantes pudieron contemplar la fusión perfecta entre arte, ingeniería y fe. Al elevar la mirada hacia los frescos que coronan el crucero, la sensación fue unánime: una cura de humildad ante la capacidad creativa del ser humano y un recordatorio de la grandeza que surge cuando el ingenio se pone al servicio de la belleza.
Livorno: El espejo de la autenticidad
Si Florencia representó el esplendor del Renacimiento, Livorno fue el escenario de la autenticidad cotidiana. Durante las jornadas de trabajo, el grupo encontró en esta ciudad portuaria un refugio alejado de la masificación turística. Livorno se reveló como una ciudad honesta, obrera y vibrante, cuyas similitudes con Las Palmas de Gran Canaria —ciudades que miran al mar y crecen al ritmo de sus puertos— generaron una conexión inmediata en el alumnado.
Esta estancia no solo permitió conocer la «Pequeña Venecia» y sus canales, sino que propició una reflexión necesaria sobre el modelo de turismo actual. El contraste entre la presión de las grandes urbes y la calma de Livorno llevó a los participantes a cuestionar cómo gestionar el impacto del visitante, subrayando una máxima que el grupo trae de vuelta a las Islas: cuidar al que viene es, en última instancia, cuidar el futuro propio.
Erasmus+ como puente de integración
Más allá de los monumentos, el núcleo de esta movilidad fue el intercambio humano en el CPIA 1 Livorno. Allí, el equipo del CEPA Las Palmas se sumergió en la realidad de la educación de adultos, compartiendo jornadas con docentes y alumnos de diversos puntos de Europa, desde Letonia hasta Alemania.
Estas jornadas demostraron que el programa Erasmus+ es mucho más que una ayuda a la movilidad; es un motor de paz y bienestar. En un espacio de diálogo transnacional, se puso en valor la construcción de una Europa cohesionada donde las fronteras geográficas se desdibujan ante las inquietudes educativas comunes. El alumnado no solo regresó con nuevos conocimientos metodológicos, sino con la certeza de que la distancia es solo una ilusión cuando existen conexiones culturales tan sólidas.
Un agradecimiento compartido
Esta aventura no habría tenido el mismo alcance sin el apoyo de quienes, desde la distancia, siguieron cada paso del grupo. El centro destaca el papel de NorteGranCanaria, cuya labor de visibilidad ha permitido que esta experiencia educativa trascienda el aula y llegue a la sociedad canaria, mostrando el valor real de la educación de adultos.
La expedición del CEPA Las Palmas se despide de Italia con un «hasta pronto». Se van con la melancolía de abandonar los canales de Livorno y las plazas florentinas, pero con la satisfacción de haber vivido una experiencia que, más que un viaje, ha sido una lección de vida. Porque, como bien han demostrado estos ocho días, viajar es descubrir, pero lo que realmente perdura es la capacidad de compartir el camino.

