Hay días que se definen por el ritmo de los pasos y la intensidad de lo compartido. Hoy ha sido, sin duda, una de esas jornadas de «remangarse» y sumergirse en la realidad del CPIA 1 Livorno, un referente en la educación de adultos en Italia que nos ha abierto sus puertas de par en par.
Desde el CEPA Las Palmas, hemos tenido el privilegio de adentrarnos en el corazón de su vida académica. No ha sido una visita superficial; hemos explorado sus dinámicas organizativas, sus metodologías de aula y esos proyectos que dan vida a sus espacios. Lo hemos hecho, además, en la mejor compañía: junto a colegas de diversos centros de la Comunidad de Madrid, convirtiendo la mañana en un foro vivo de intercambio de buenas prácticas.
El factor humano: Hospitalidad y aprendizaje
Si algo define el éxito de esta experiencia es la huella que deja en quienes la protagonizan. Nuestro alumnado no solo regresa con nuevos conocimientos, sino con la calidez de una acogida que rompe cualquier barrera idiomática. La hospitalidad italiana ha sido el hilo conductor de una mañana donde la educación se ha sentido, por encima de todo, como un lenguaje universal.
Tras el trabajo matutino y una pausa necesaria para el almuerzo, la tarde nos ofreció una perspectiva distinta de la ciudad. A bordo de una barca, recorrimos los canales de la “Venezia Nuova”. Este barrio, diseñado por arquitectos e ingenieros venecianos y holandeses, es un testimonio de piedra y agua sobre cómo las culturas se entrelazan para construir algo único.
Un proyecto con voz propia
A pesar de un cielo que amenazaba con empañar el plan, la lluvia nos dio tregua en los momentos precisos. En medio de esta atmósfera, tuvimos la oportunidad de compartir nuestra labor con RTVE Canarias. Esta entrevista supone una plataforma fundamental para dar visibilidad a nuestro proyecto Erasmus+, poniendo en valor el esfuerzo diario que realizamos en el ámbito de la educación de personas adultas.
Reflexión: Dos orillas, un mismo espíritu
Al caer la tarde, es inevitable trazar paralelismos. Livorno y Las Palmas de Gran Canaria guardan un parecido que va más allá de lo estético. Ambas son ciudades que respiran a través de sus puertos, que han crecido mirando al horizonte y que comparten una identidad forjada en el mestizaje y la acogida.
Incluso el cielo gris de hoy parecía un recordatorio: cuando existe un propósito común y conexiones humanas reales, la distancia geográfica entre el Mediterráneo y el Atlántico no es más que una anécdota. Volvemos al hotel con la mochila llena de ideas y el convencimiento de que, en educación, cruzar fronteras es la mejor forma de encontrarse.

