Carmen Cabrera Pérez
Carmen Cabrera Pérez
Carmen Cabrera Pérez por Inma Flores

Carmen Cabrera Pérez es una escritora nacida en Nido Cuervo (Gáldar) y es en 1981 cuando traslada su residencia al Tablero de Maspalomas, aunque con frecuencia podemos verla disfrutando de este noroeste grancanario.

Lectora empedernida desde su niñez, cuando comenzó a escribir sus primeros textos: poesía, narrativa reflexiva, artículos de opinión, etc.

Publicó por primera vez en 2002 su biografía en la que colaboraron diferentes ayuntamientos (San Bartolomé, Gáldar y Mogán).

Ha recibido diferentes cursos de escritura creativa, entre los que cabe citar:

*El Taller de María Hernández en la Universidad de Verano de Maspalomas.

*El Taller de Ana Doreste en Las Palmas, promovido por la Concejalía de la Mujer de San Bartolomé de Tirajana.

*El Taller promovido por la Fundación Mapfre Guanarteme. Entre los escritores que lo

imparten se encuentran Placido Checa y Alexis Ravelo, que la invitan a participar en el

concurso de relatos Rescatando la Memoria promovido por el Ayuntamiento de Arucas, la Asociación de Empresarios de Arucas y la Fundación Mapfre. Aunque su relato, “Con mirada inocente”, no obtuvo ninguno de los premios, sí fue escogido en diciembre de 2012 para su publicación dentro de la XII edición del libro Rescatando la memoria.

*Los Talleres de Francisco Ramírez Viu (CiudArte). Fruto de estos talleres es el libro

colectivo “Lo personal y lo poético”, el cual incluye un texto de Mary Carmen. Libro editado por CiudArte en 2017.

Es importante destacar que la autora también imparte diferentes talleres dentro de distintos proyectos promovidos por la Concejalía de Igualdad de San Bartolomé de Tirajana, dirigidos tanto a adultos como a estudiantes de instituto.

¿Quieres conocer algo más de ella y de su obra?

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Casa Leacock: un desalojo sin incidentes que deja al descubierto años de permisividad

El desalojo del asentamiento instalado en la antigua Casa Leacock, en Santa María de Guía, se llevó a cabo este martes sin desórdenes, sin altercados y sin incidentes destacables. Un dato importante, porque en un asunto socialmente sensible como este conviene contar las cosas completas: hubo tensión, hubo preocupación entre las personas afectadas, pero no hubo una situación de caos ni una actuación marcada por el enfrentamiento. El inmueble se encuentra en la carretera que une Gáldar con Guía, a la altura de Becerril, en un punto bien conocido por quienes transitan habitualmente entre ambos municipios. Durante años, este edificio terminó convertido en un asentamiento irregular en el que residían varias familias y personas que no contaban con título legal para ocupar la propiedad. Y aquí conviene hablar claro. El drama habitacional existe. La dificultad para acceder a una vivienda en Gran Canaria es real. Los alquileres están disparados, las opciones para muchas familias son cada vez más escasas y las administraciones llevan demasiado tiempo llegando tarde. Pero una cosa es reconocer ese problema y otra muy distinta presentar cualquier ocupación como si fuera automáticamente una situación de vulnerabilidad incuestionable. En el caso de la Casa Leacock, no todos los ocupantes respondían al mismo perfil. De hecho, algunos testimonios apuntan a que hubo personas que llegaron a gastar cantidades importantes de dinero, incluso hasta 6.000 euros, para adecentar habitaciones dentro del inmueble. Ese dato obliga a matizar mucho el relato. Quien invierte tal cantidad en acondicionar una estancia dentro de una propiedad ajena no puede ser presentado sin más como alguien completamente desamparado o sin capacidad alguna de actuación. También se ha dicho que el Ayuntamiento de Santa María de Guía cerró las puertas a estas familias. Esa afirmación merece ser analizada con serenidad. Las administraciones tienen la obligación de atender los casos reales de necesidad, especialmente si hay menores de por medio. Deben activar los servicios sociales, estudiar cada situación y evitar que un desalojo derive en un problema mayor. Pero también hay que recordar algo básico: las personas desalojadas estaban ocupando una propiedad que no les correspondía. No tenían contrato, no tenían autorización y, según distintas versiones, algunas ni siquiera contaban con una situación administrativa plenamente regularizada. Por tanto, convertir el caso únicamente en una denuncia contra el Ayuntamiento es una lectura incompleta. La administración puede haber llegado tarde, puede haber gestionado mal la situación o puede haber fallado en la prevención, pero eso no transforma una ocupación irregular en un derecho adquirido. El fondo del problema es precisamente ese: durante años se permitió que la situación se enquistara. Lo que en un primer momento pudo verse como una solución provisional terminó convirtiéndose en un asentamiento estable. Y cuando las situaciones irregulares se cronifican, el desenlace siempre resulta más doloroso, más complejo y más difícil de explicar a la opinión pública. El desalojo de la Casa Leacock no fue un episodio de desorden público. Fue, más bien, la consecuencia previsible de una ocupación que nunca debió normalizarse. Y también el reflejo de una política de vivienda insuficiente, incapaz de ofrecer respuestas antes de que los problemas lleguen al límite. Defender el derecho a una vivienda digna no significa justificar la ocupación de propiedades ajenas. Del mismo modo, defender la propiedad privada no debería servir de excusa para ignorar que hay familias y personas atrapadas en una crisis habitacional cada vez más profunda. Santa María de Guía necesita respuestas serias. Ni propaganda, ni victimismo automático, ni discursos que pretendan esconder la realidad. La Casa Leacock deja una lección clara: las administraciones deben actuar antes, los servicios sociales deben distinguir entre vulnerabilidad real y ocupación consolidada, y la sociedad no puede aceptar que entrar en una propiedad ajena termine convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una vía normalizada para acceder a una vivienda. El desalojo se ejecutó sin desórdenes. Ahora queda por ver si las instituciones son capaces de hacer algo más difícil: evitar que situaciones como esta vuelvan a repetirse.