Hay lugares en los que uno nace y lugares que, con el paso de los años, terminan formando parte de uno mismo.
Yo nací en Galicia. Allí están mis raíces, una parte fundamental de mi historia y muchos de los recuerdos que me acompañarán siempre. Pero la vida quiso que mi camino continuara a muchos kilómetros de distancia, en unas islas que poco a poco dejaron de ser simplemente el lugar donde vivía para convertirse también en mi casa.
Canarias me acogió. Aquí he trabajado, he conocido personas extraordinarias, he compartido alegrías y dificultades y he aprendido a querer esta tierra desde el respeto de quien llegó de fuera, pero lleva muchos años sintiéndose parte de ella.
Por eso, cada 8 de septiembre tiene para mí un significado especial.
Hoy Gran Canaria mira hacia Teror. Hacia la Basílica, hacia sus calles y, sobre todo, hacia la Virgen del Pino. Miles de personas vuelven a encontrarse alrededor de una tradición que atraviesa generaciones y que forma parte de la memoria de muchísimas familias canarias.
Hay quienes llegan caminando después de kilómetros de camino. Quienes cumplen una promesa. Quienes acuden para pedir. Quienes lo hacen para dar las gracias. Y también quienes simplemente mantienen una costumbre heredada de sus padres o de sus abuelos.
Cada uno lleva consigo su propia historia.
Quizá ahí esté una de las cosas más hermosas de esta celebración: durante unas horas, personas procedentes de lugares distintos y con formas diferentes de vivir la fe comparten un mismo sentimiento de pertenencia.
Para alguien que llegó desde Galicia, resulta difícil no encontrar ciertos paralelismos. Los gallegos sabemos bien lo que significa mantener vivas las tradiciones, regresar cada año a una celebración que nos recuerda de dónde venimos y conservar ese vínculo especial entre un pueblo y aquello que forma parte de su historia.
Por eso entiendo perfectamente lo que significa el Pino para tantos canarios.
Después de tantos años viviendo aquí, también he aprendido que Canarias no se conoce únicamente contemplando sus paisajes. Canarias se conoce hablando con su gente, entrando en sus barrios, recorriendo sus pueblos, compartiendo sus fiestas y escuchando las historias de quienes han levantado esta tierra generación tras generación.
Y cuanto más la conoces, más difícil resulta no quererla.
Sigo siendo gallego. Nunca he querido dejar de serlo. Uno no necesita renunciar a sus raíces para amar profundamente la tierra que lo ha acogido.
Al contrario.
Me siento afortunado por poder llevar Galicia conmigo y, al mismo tiempo, sentir Canarias como mi hogar. Por poder emocionarme con aquello que sucede a miles de kilómetros de donde nací y también con las tradiciones de estas islas que forman parte de mi vida cotidiana.
Hoy, 8 de septiembre, quiero aprovechar estas líneas simplemente para felicitar a los canarios y, de manera muy especial, a quienes viven esta jornada con devoción hacia Nuestra Señora del Pino.
A quienes están hoy en Teror.
A quienes hicieron el camino.
A quienes la llevan en una estampa, en una medalla o simplemente en el recuerdo.
A quienes están lejos de Canarias y hoy sienten un poco más cerca su tierra.
Y también a quienes, como yo, un día llegamos desde fuera y encontramos aquí nuestro sitio.
Desde el respeto y el cariño de un gallego que nunca ha olvidado de dónde viene, pero que tampoco olvida todo lo que Canarias le ha dado:
Feliz Día del Pino.
Feliz día a Gran Canaria y a todos los canarios que hoy celebran a la Virgen del Pino.
Porque Galicia es la tierra en la que nací.
Y Canarias, la tierra que elegí para vivir.
