Luis Miguel Arencibia León, el guardián de un legado que nunca dejará de latir

Hay personas cuya vida termina convirtiéndose en parte inseparable de la historia de un pueblo. Hombres que, con discreción, entrega y un profundo sentido del deber, dedican su existencia a proteger aquello que da identidad a una comunidad.

Ese fue Luis Miguel Arencibia León, una figura imprescindible en la historia reciente de Santa María de Guía y, especialmente, de la ancestral Fiesta de las Marías.

Nacido en Santa María de Guía el 8 de mayo de 1945, Luis Miguel creció en un hogar donde el compromiso con las tradiciones era una forma de entender la vida. Desde muy joven comenzó a colaborar en la Fiesta de las Marías junto a su padre, Juan Arencibia, una persona muy apreciada en el municipio y destacado profesional de la docencia.

De él heredó el amor por una celebración nacida en 1811, fruto del voto realizado a la Virgen de Guía por los vecinos de las medianías de Guía y de otros municipios del noroeste de Gran Canaria.

Su inquietud no se limitó únicamente al ámbito festivo. Desde joven fue una persona muy activa en el mundo de la cultura, del deporte y de la vida social de su pueblo natal.

En el ámbito profesional desarrolló una trayectoria brillante, llegando a administrar diferentes empresas de prestigio y arraigo en el municipio. También ocupó el cargo de jefe de contabilidad en Unelco y desempeñó durante muchos años la labor de profesor orientador en Radio ECCA, impartiendo formación en las áreas de contabilidad y cálculo comercial, contribuyendo a la educación y promoción de numerosas personas.

En 1979 fue nombrado presidente de los Mayordomos de las Marías, responsabilidad que ejerció con dedicación absoluta durante más de cuatro décadas.

Bajo su liderazgo defendió con firmeza la autenticidad de la fiesta, convencido de que preservar las raíces era la mejor forma de garantizar su futuro.

Una de sus decisiones más valientes fue la incorporación de los tambores y los bucios a la celebración. Aquella iniciativa no estuvo exenta de críticas e incluso de momentos difíciles.

Sin embargo, Luis Miguel jamás respondió desde el enfrentamiento. Era un hombre profundamente pacificador, que nunca buscó la confrontación. No le gustaba enfadarse con nadie y siempre procuró mantener una relación cordial con todos.

Creía firmemente que el diálogo, el respeto y el entendimiento eran el mejor camino para resolver cualquier diferencia.

Con el paso de los años, el tiempo terminó dándole la razón. Muchos de quienes inicialmente cuestionaron aquella incorporación reconocieron que la fiesta había ganado en autenticidad, tipismo e identidad, acercándose aún más a sus verdaderos orígenes.

Luis Miguel nunca buscó protagonismo; su mayor satisfacción era comprobar que la tradición permanecía viva y que cada nueva generación seguía sintiéndola suya.

Su entrega fue reconocida oficialmente el 20 de enero de 2017, cuando el Ayuntamiento de Santa María de Guía le concedió el título de Hijo Predilecto de la Ciudad, durante el acto institucional de entrega de honores y distinciones.

La propia Fiesta de las Marías, distinguida con la Medalla de Oro de la Ciudad, la Medalla de Plata del Cabildo de Gran Canaria y declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias, encontró en Luis Miguel Arencibia a uno de sus más fieles custodios.

Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo recuerdan a un hombre honesto, cercano, respetuoso y siempre dispuesto a tender la mano. Nunca levantó una voz más alta que otra. Prefería convencer con el ejemplo antes que con las palabras.

Su carácter conciliador hizo que fuera una persona profundamente querida, no solo en Santa María de Guía, sino en toda la comarca norte de Gran Canaria.

Solía repetir una frase que resumía perfectamente su manera de entender la vida: «Mientras la Virgen de Guía me dé salud, seguiré trabajando por las Marías.»

Y así lo hizo hasta el final de sus días.

El18 de junio de 2021 falleció, dejando un vacío imposible de llenar. Sin embargo, su legado continúa vivo cada tercer domingo de septiembre, cuando miles de personas renuevan el histórico voto a la Virgen de Guía y mantienen viva una tradición bicentenaria.

Hablar hoy de la Fiesta de las Marías es hablar, inevitablemente, de Luis Miguel Arencibia León. De un hombre que hizo del servicio una forma de vida, de la concordia su mayor virtud y del amor por su pueblo, el mejor legado que podía dejar a las generaciones futuras.

Su nombre permanecerá para siempre unido a la historia de Santa María de Guía y al corazón de todos aquellos que entienden que las tradiciones solo perduran cuando existen personas capaces de entregarse a ellas con humildad, generosidad y un compromiso inquebrantable.

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Paseo Literario
Redacción NorteGranCanaria

Luis Miguel Arencibia León, el guardián de un legado que nunca dejará de latir

Hay personas cuya vida termina convirtiéndose en parte inseparable de la historia de un pueblo. Hombres que, con discreción, entrega y un profundo sentido del deber, dedican su existencia a proteger aquello que da identidad a una comunidad. Ese fue Luis Miguel Arencibia León, una figura imprescindible en la historia reciente de Santa María de Guía y, especialmente, de la ancestral Fiesta de las Marías. Nacido en Santa María de Guía el 8 de mayo de 1945, Luis Miguel creció en un hogar donde el compromiso con las tradiciones era una forma de entender la vida. Desde muy joven comenzó a colaborar en la Fiesta de las Marías junto a su padre, Juan Arencibia, una persona muy apreciada en el municipio y destacado profesional de la docencia. De él heredó el amor por una celebración nacida en 1811, fruto del voto realizado a la Virgen de Guía por los vecinos de las medianías de Guía y de otros municipios del noroeste de Gran Canaria. Su inquietud no se limitó únicamente al ámbito festivo. Desde joven fue una persona muy activa en el mundo de la cultura, del deporte y de la vida social de su pueblo natal. En el ámbito profesional desarrolló una trayectoria brillante, llegando a administrar diferentes empresas de prestigio y arraigo en el municipio. También ocupó el cargo de jefe de contabilidad en Unelco y desempeñó durante muchos años la labor de profesor orientador en Radio ECCA, impartiendo formación en las áreas de contabilidad y cálculo comercial, contribuyendo a la educación y promoción de numerosas personas. En 1979 fue nombrado presidente de los Mayordomos de las Marías, responsabilidad que ejerció con dedicación absoluta durante más de cuatro décadas. Bajo su liderazgo defendió con firmeza la autenticidad de la fiesta, convencido de que preservar las raíces era la mejor forma de garantizar su futuro. Una de sus decisiones más valientes fue la incorporación de los tambores y los bucios a la celebración. Aquella iniciativa no estuvo exenta de críticas e incluso de momentos difíciles. Sin embargo, Luis Miguel jamás respondió desde el enfrentamiento. Era un hombre profundamente pacificador, que nunca buscó la confrontación. No le gustaba enfadarse con nadie y siempre procuró mantener una relación cordial con todos. Creía firmemente que el diálogo, el respeto y el entendimiento eran el mejor camino para resolver cualquier diferencia. Con el paso de los años, el tiempo terminó dándole la razón. Muchos de quienes inicialmente cuestionaron aquella incorporación reconocieron que la fiesta había ganado en autenticidad, tipismo e identidad, acercándose aún más a sus verdaderos orígenes. Luis Miguel nunca buscó protagonismo; su mayor satisfacción era comprobar que la tradición permanecía viva y que cada nueva generación seguía sintiéndola suya. Su entrega fue reconocida oficialmente el 20 de enero de 2017, cuando el Ayuntamiento de Santa María de Guía le concedió el título de Hijo Predilecto de la Ciudad, durante el acto institucional de entrega de honores y distinciones. La propia Fiesta de las Marías, distinguida con la Medalla de Oro de la Ciudad, la Medalla de Plata del Cabildo de Gran Canaria y declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias, encontró en Luis Miguel Arencibia a uno de sus más fieles custodios. Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo recuerdan a un hombre honesto, cercano, respetuoso y siempre dispuesto a tender la mano. Nunca levantó una voz más alta que otra. Prefería convencer con el ejemplo antes que con las palabras. Su carácter conciliador hizo que fuera una persona profundamente querida, no solo en Santa María de Guía, sino en toda la comarca norte de Gran Canaria. Solía repetir una frase que resumía perfectamente su manera de entender la vida: «Mientras la Virgen de Guía me dé salud, seguiré trabajando por las Marías.» Y así lo hizo hasta el final de sus días. El18 de junio de 2021 falleció, dejando un vacío imposible de llenar. Sin embargo, su legado continúa vivo cada tercer domingo de septiembre, cuando miles de personas renuevan el histórico voto a la Virgen de Guía y mantienen viva una tradición bicentenaria. Hablar hoy de la Fiesta de las Marías es hablar, inevitablemente, de Luis Miguel Arencibia León. De un hombre que hizo del servicio una forma de vida, de la concordia su mayor virtud y del amor por su pueblo, el mejor legado que podía dejar a las generaciones futuras. Su nombre permanecerá para siempre unido a la historia de Santa María de Guía y al corazón de todos aquellos que entienden que las tradiciones solo perduran cuando existen personas capaces de entregarse a ellas con humildad, generosidad y un compromiso inquebrantable.