Crónicas de un eclipse: cuando media España descubrió que siempre había sido astróloga
Eclipse
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Hay acontecimientos que marcan a toda una generación: la llegada del hombre a la Luna, la caída del muro de Berlín, el año en que España ganó el mundial y, por supuesto, el eclipse que convirtió a medio país —sobre todo a los influencers— en experto en astronomía, astrología, óptica, física cuántica y energías cósmicas durante, exactamente, dos días.

Porque, seamos sinceros, hasta hace setenta y dos horas, la mayoría de las personas confundía un eclipse con el título de una nueva canción de Rosalía.

Pero… llegó el día señalado y se desató la locura.

Las gafas especiales para ver eclipses se agotaron antes que el papel higiénico durante la pandemia. Las buscaban en la farmacia, en las ferreterías, en los bazares chinos de barrio y hasta en el baúl de los recuerdos donde alguna vez —allá por 1999— guardaron alguna que todavía sirve.

Y con este fenómeno, hicieron también su aparición los grandes personajes de la historia. Esos que comentan cosas como: «con una radiografía también se ve». Sin mencionar a las redes sociales que, por supuesto, nunca decepcionan.

Nadie había prestado tanta atención al Sol como hasta ahora, ni siquiera en verano al elegir protector solar, pero esta semana todo el mundo tenía una opinión firme sobre la corona solar, la fotosfera y Mercurio retrógrado, que no tenía nada que ver aquí pero ya que estábamos…

Mientras tanto, los astrólogos alucinando con su propia Champions: «este eclipse cambiará tu vida»; «la luna viene a cerrar ciclos»; «no es momento para manifestar». Y los gurús hablando sobre la alteración del ADN, el despertar de la glándula pineal, el reinicio de la madre Tierra y la mejora en la cobertura del móvil. Cosas que, por cierto, no sucedieron.

Y yo, preocupada únicamente por encontrar aparcamiento. Lo único que se me alteró fue la paciencia. Cientos de explicaciones absurdas, hoteles a rebosar, telescopios agotados, parcelas alquiladas solo para sacar la mejor foto y hasta un pueblo entero bloqueado por la visita privilegiada de uno que dice ser presidente que decía no querer perderse el espectáculo.

Normal. Si uno pretende gobernar, que menos saber dónde está la Luna.

Y entonces llegó el gran momento. Silencio. Oscuridad. Y luego, algo fascinante: la vuelta a la normalidad y el cambio de tema radical. Las gafas de vuelta al cajón de los recuerdos donde convivirán junto a cargadores viejos y mascarillas caducadas, fotos en el Instagram etiquetando a la NASA y astrólogos hablando de otro planeta.

Hasta el próximo eclipse, momento en el que volveremos a decir aquello de «siempre me ha encantado la astronomía», pese a que hasta ayer no supiéramos reconocer si la Osa Mayor era una constelación o una caja de galletas.

 

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

Cuando el cisne negro no es una metáfora, sino una maniobra

(Contestación a los comentarios habidos sobre mi pasado artículo, del mismo nombre y publicado en esta misma Revista digital, el pasado domingo 30) Hay artículos que uno escribe con calma, como quien ajusta una vela antes del amanecer. Y hay otros que salen como un golpe de mar: secos, inevitables, necesarios. Mi artículo Cisne negro fue de los segundos. Lo publiqué porque veía señales que otros preferían ignorar. Y el tiempo —y las 4.025 lecturas en pocos días— me han confirmado que no estaba solo en esa inquietud. Las reacciones han sido un mapa perfecto de la España actual: Unos me felicitaron. Otros me llamaron exagerado. Algún valiente e incluso los del sector “sanchita” me llamaron “facha”. A estas alturas, ni me inmuto. Pero sí me obliga a “ratificarme”. Porque cuando un texto provoca aplausos, insultos y nervios, es que ha tocado un punto que duele. Y cuando algo duele, es porque hay verdad. “España está en un punto crítico, y fingir que no pasa nada, como pretende Pedro Sánchez es infantil” Lo diré sin rodeos. España vive un momento político que huele a maniobra, a cálculo y a silencio previo al temporal. Quien no quiera verlo, que mire para otro lado. Yo no. La crisis de Melilla no es un incidente fronterizo. Es una “operación geopolítica” ejecutada con precisión desde Rabat y aceptada con una pasividad que solo puede interpretarse de dos maneras: o incompetencia, o conveniencia. Y ambas son peligrosas. Mientras Ceuta y Melilla ardían, el presidente del Gobierno estaba de vacaciones. Mientras los ciudadanos pedían auxilio, el Rey —sí, el jefe del Estado— era mantenido lejos de la zona por “razones diplomáticas”. Mientras Marruecos celebraba su “Marcha Verde”, aquí se hablaba de “incidentes aislados”. Eso no es casualidad. Eso es “una grieta”. Y las grietas, cuando no se atienden, se convierten en vías de agua. “Los cisnes negros” no aparecen; se provocan, se aprovechan o se toleran” Quien me llamó “exagerado” debería repasar la historia. Porque la historia es más dura que mis palabras. Aquí algunos ejemplos de cómo los gobernantes han usado crisis para reforzar su poder: “Incendio del Reichstag (1933)” — Un edificio arde y, de repente, se suspenden libertades, se persigue a opositores y se consolida un régimen totalitario. ¿Casualidad? No. Maniobra. “El Golpe de Fujimori (1992” — Caos institucional, cierre del Congreso y gobierno por decreto. Todo “legal”, todo “necesario”, todo “por el bien del país”. “El Estado de emergencia en Turquía (2016)” — Un intento de golpe, y acto seguido, purgas masivas, detenciones y un poder reforzado. El cisne negro perfecto. La Primavera Árabe (2011) — Un vendedor ambulante se inmola y cae medio Oriente Medio. Un suceso inesperado que reconfiguró países enteros. Lo ocurrido en Sarajevo (1914) — Un disparo, una guerra mundial. Un cisne negro que cambió el planeta. Nada de esto fue casual. Todo tuvo intención, cálculo o aprovechamiento. Por eso me ratifico en que, “los cisnes negros existen, y suelen aparecer cuando un gobernante teme perder el mando, como le está ocurriendo ahora a Pedro Sánchez”. “España y la tentación del poder” No afirmo que el Gobierno vaya a decretar un estado de excepción. No afirmo que haya un plan oculto. Pero sí afirmo —porque la historia lo demuestra— que “la tentación existe”, pero si suelto y mantengo mi más que evidente sospecha Cuando un presidente como Pedro Sánchez, está acorralado por crisis internas, por escándalos, por investigaciones judiciales, por socios incómodos y por un calendario electoral adverso, la tentación de usar una crisis para ganar tiempo es enorme. Y España hoy, reúne todos los ingredientes. Todos. Los viejos marinos sabemos que hay capitanes que, cuando ven venir el temporal, no piensan en salvar a la tripulación, sino en salvar su puesto. “Defenderse no es retroceder; es poner las cartas sobre la mesa” A quienes me llamaron exagerado, les digo: “La historia es más exagerada que yo”. A quienes me llamaron “facha”, les digo… Confunden crítica con ideología. “Y eso, además de opinión pobre, lo es estúpida e infantil”. A quienes me felicitaron, les digo: “Gracias por mirar el horizonte con ojos abiertos”. Y a todos, les recuerdo que “Los cisnes negros” no son profecías. Son advertencias. Y esta advertencia está documentada.