Isaac
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Gobernar sin Gobierno

Cuentan que cuando el Imperio Romano comenzó su declive, los emperadores seguían organizando desfiles triunfales, aunque ya no ganaban batallas. Las legiones estaban dispersas, los aliados se rebelaban y el oro escaseaba, pero Roma y su imperio mantenían la ceremonia, aquel tan nombrado ‘pan y circo’. Había que dar la imagen de poder, aunque el poder real ya no existiera. Hoy, dos mil años después, España asiste a su propia versión moderna de aquel espectáculo donde el Gobierno sigue desfilando, aunque ya no gobierna, o sí.

Pedro Sánchez se aferra a la Moncloa con la misma serenidad con la que los emperadores agotaban los aplausos del Senado. Su mayoría parlamentaria se ha evaporado con la ruptura definitiva de los catalanes de Junts, y la legislatura se sostiene, más que por convicción, por inercia. Cada ley se convierte en una odisea, cada votación en un sudoku político. Pero el presidente español, con su libro político manual de resistencia, sigue y sigue. Como esas pilas que prometen durar para siempre, resiste al desgaste, a los socios y a toda lógica. Lo paradójico es que fue él mismo quien advirtió que “un Gobierno sin presupuestos no puede gobernar”. Hoy, sin Presupuestos y sin aliados sólidos, si es que algún día lo fueron, se aferra, en el coliseo del congreso, al reloj que marca los tiempos de la política nacional.

El emperador Sánchez sigue y sigue, mientras, desde Waterloo, Puigdemont acusa al presidente de todos los españoles, de seguir en la poltrona, pero lo cierto es que él y los suyos tampoco parecen tener prisa por levantarse de la suya. Junts juega, o eso cree, a la épica desde la arena de la comodidad. Dice mucho, hace poco o nada y actúa sólo cuando la calculadora y la fuga de gladiadores independentistas se lo permiten. El partido se ha convertido en una promesa de nada.  Sus votantes, mientras tanto, contemplan la función con grandes aires de desilusión. Lo que prometía ser un desafío histórico ha terminado en rutina parlamentaria, un querer y no poder. De ahí que Alianza Catalana siga ganando terreno canalizando el descontento de quienes sienten que el independentismo institucional se ha domesticado. El general de todos los ejércitos, Pedro Sánchez, con su estrategia del sí y del no, ha ganado al relato del independentismo. Ya ni Junts ni ERC representan la rebeldía, sino la sumisión y al mismo tiempo la comodidad. 

En contraste, María Guardiola, en la gran batalla de Extremadura, ha hecho lo que otros evitan, reconocer que sin presupuestos no se puede gobernar y convocar elecciones. Lo ha hecho frente al silencio y la pasividad de Vox, que ha preferido no asumir costes políticos. Su decisión, quizás coherente pero arriesgada, marca una línea moral que contrasta con la obstinación de la Moncloa. Lo que en Extremadura aparentemente es dignidad, en Madrid es resistencia por inercia. A Feijóo, esta preparación bélica, antes de la gran guerra nacional, le viene bien, sabrá por dónde vienen los tiros de VOX en esta especie de plebiscito extremeño. Más lejos, en las tierras del oriente hispano, en la batalla Valenciana, Carlos Mazón sigue resistiendo pese a las contradicciones, los cambios de versión y las víctimas que aún esperan respuestas un año después de la DANA. Su gestión se tambalea, pero el presidente no se mueve. Y mientras tanto, el presidente del partido popular observa y calla, como si el desgaste valenciano no tuviera consecuencias. Vox, entretanto, pesca en ese río revuelto y erosiona voto a voto el espacio de un PP que pierde campos, pueblos y territorio de derechas ante el clamor popular.

El sur tampoco vive su mejor momento. En Andalucía, los polémicos cribados sanitarios y las torpes declaraciones del nuevo consejero de Salud han puesto en aprietos al gobierno y los soldados de Juanma Moreno Bonilla, hasta ahora modelo de estabilidad. Lo que parecía una gestión sólida empieza a mostrar grietas y puntos débiles de la gran muralla del castillo de San Telmo. La oposición percibe la debilidad y el desgaste, atacan apoyados por ejércitos y multitudes al comandante andaluz, que se ve obligado a apagar incendios internos antes de que el fuego llegue a su propio pretorio.

Los ecos del adelanto electoral en Extremadura llegan también a las tierras altas de Castilla y León y de Aragón, donde los gobiernos autonómicos observan con inquietud si deben prepararse para abrir de nuevo el coliseo de los gladiadores. Si Guardiola no ha resistido sin presupuestos, ¿qué harán ellos cuando la tensión interna y la dependencia de las legiones de Vox se agraven? Nadie lo dice en público, pero todos miran de reojo el calendario. A todas estas, los medios viven un festín informativo. Hay demasiada actualidad y demasiada revuelta política, no dan abasto. Filtraciones, guerras por el mejor titular y giros de guion, provocan que los periodistas hagan lo que puedan por actuar de contrapoder, aunque a veces parezca que sólo acompañan el ruido. Cuando todo es noticia, nada es noticia. Ruido.

Si, España se ha convertido en un gran imperio donde nadie gana, pero todos resisten. En ese foro del poder, Pedro Sánchez reina, pero no gobierna, sonríe ante las cámaras, mantiene el gesto y confía en que el tiempo siga jugando a su favor. El presidente gobierna sin gobierno, pero sigue y sigue como aquel imperio romano.

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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!