José Isidro Godoy Morales
José Isidro Godoy Morales
Fallece José Isidro Godoy Morales, Pintadera de Oro 2024 de Gáldar
José Isidro Godoy Morales, galardonado en 2024 con la distinción Pintadera de Oro, ha fallecido esta mañana a los 87 años de edad. Su capilla ardiente se encuentra instalada en la sala 2 del Tanatorio Municipal de San Isidro, y la incineración se realizará mañana, domingo 25 de enero, a las 10:00 horas.
 
El alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa Monzón, ha trasladado sus más sentidas condolencias a la familia y amistades de José Isidro, destacando que será recordado por una vida marcada por la entrega, la integridad, el trabajo, la generosidad y su compromiso con el pueblo. Su legado queda en la historia agrícola y social del municipio.
 
José Isidro Godoy fue un hombre de campo, cuya vida estuvo marcada por el esfuerzo constante y el amor por la tierra. En su juventud, emprendió una aventura que lo llevó hasta Guinea Ecuatorial, donde enseñó a cultivar hortalizas en una cooperativa agrícola del valle de Moca. Su labor allí fue interrumpida abruptamente con la declaración de la independencia del país, lo que lo obligó a regresar a Canarias.
 
De vuelta en su tierra, ejerció durante 27 años como capataz en la finca de los herederos de Pedro Suárez Cárdenas, en el Lomo del Pleito, donde su liderazgo, conocimiento agrícola y sentido de responsabilidad se convirtieron en ejemplo para quienes tuvieron la fortuna de trabajar a su lado.
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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
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Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.