Homenaje A Venancio Monzón
Homenaje A Venancio Monzón
Gáldar dice adiós a Venancio Monzón Mendoza en la Ciudad Deportiva que lleva su nombre
El municipio de Gáldar despidió esta tarde a Venancio Monzón Mendoza, icono del deporte local, con un emotivo homenaje en la Ciudad Deportiva que lleva su nombre. Tras la ceremonia religiosa celebrada en la Parroquia de San Isidro Labrador, el cortejo fúnebre recorrió el campo de fútbol en un acto cargado de simbolismo que reunió a representantes del Ayuntamiento de Gáldar, figuras del ámbito político, históricos ex futbolistas llegados desde distintos puntos de la isla, numerosos jugadores que estuvieron bajo su batuta, al equipo del Club Deportivo San Isidro, así como a familiares, amigos y vecinos que quisieron rendir tributo a su legado.
 
Durante el recorrido por el terreno de juego que vio crecer su pasión, sonó el himno oficial del Club Deportivo San Isidro, seguido de la canción ‘Ay, pena, penita, pena’, que acompañó al féretro en su último trayecto hacia el Cementerio Municipal de San Isidro. Un adiós a la altura de un hombre cuya vida estuvo íntimamente ligada al barrio, al Club y al fútbol base.
 
Venancio Monzón Mendoza, nacido en San Isidro el 1 de abril de 1941, falleció este domingo a los 84 años de edad dejando un legado irrepetible que lo convierte en un referente. Fue jugador, entrenador y, sobre todo, un pilar en la construcción del tejido deportivo galdense.
 
Jugador histórico del CD San Isidro durante más de dos décadas, Venancio protagonizó hitos como el ascenso a Primera Regional en 1960 y la victoria en la Copa Federación en 1969 frente al Agaete. Tras cerrar en 1977 su faceta de jugador, obtuvo el carné de entrenador regional e inició una prolífica etapa en los banquillos, dirigiendo equipos juveniles y senior del San Isidro y otros clubes de la comarca.
 
Entre sus logros técnicos destacan los ascensos del juvenil a Primera Preferente y del equipo regional a Primera Regional. Carpintero de oficio, supo compaginar su trabajo con su devoción por el fútbol base, convirtiéndose en símbolo del deporte comunitario en Gáldar. Siempre fiel a sus colores, jamás dejó de apoyar al CD San Isidro, el club de su vida.
 
 
Despedida y Homanaje a D. Venancio Monzón Mendoza en la Ciudad Deportiva de San Isidro
 
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Eduardo García Benítez
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Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.