Rosa Antonia Henríquez García, Medalla De Plata De Gáldar
Rosa Antonia Henríquez García, Medalla De Plata De Gáldar
Fallece Rosa Antonia Henríquez García, Medalla de Plata de Gáldar

Rosa Antonia Henríquez García, Medalla de Plata de Gáldar y alcaldesa pedánea de las medianías de Gáldar en 1996, ha fallecido este viernes 6 de marzo en Las Palmas de Gran Canaria a los 85 años de edad. Su capilla ardiente se encuentra instalada en el Tanatorio de Fucasa de Las Torres y su incineración tendrá lugar hoy a las 20:30 horas.

El alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa, ha trasladado  sus condolencias a familiares y amigos, destacando que Rosa Antonia será recordada por su entrega desinteresada y por su papel en el desarrollo del barrio y las medianías, ejemplo de servicio público y amor por Gáldar.

Rosa Antonia Henríquez García fue alcaldesa pedánea de las medianías de Gáldar en 1996, ejerciendo un liderazgo cercano y resolutivo que le granjeó el respeto y el cariño de sus vecinos. Su compromiso con lo público se extendió a través de su andadura al frente de la Asociación de Vecinos Imidiaguem de Juncalillo desde 1980 hasta 2004, colectivo desde el que impulsó numerosas iniciativas culturales, sociales y reivindicativas. En 1999 obtuvo el carné de mediadora social y ejerció como tal hasta 2004.

 

En reconocimiento a esta trayectoria, en 2013 le fue concedida la Medalla de Plata del Municipio, distinción que le fue entregada en un acto solemne celebrado en la iglesia de Santiago de los Caballeros, junto a otros honorables de Gáldar.

 

La noticia de su partida ha consternado a vecinos y vecinas, quienes han querido rendir homenaje a su figura recordando su lucha constante, su cercanía y capacidad innata para unir voluntades en torno a causas comunes.

 

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Eduardo García Benítez
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Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.