Basilisa Pérez
Basilisa Pérez
Fallece Basilisa Pérez González, Pintadera de Oro de Gáldar
Basilisa Pérez González, galardonada en 2024 con la distinción de Pintadera de Oro de Gáldar, ha fallecido este martes a los 93 años de edad. Su capilla ardiente se encuentra instalada en la Sala 1 del Tanatorio Municipal de San Isidro y su funeral se realizará mañana miércoles a las 17:00 horas en la parroquia de San Isidro. El sepelio tendrá lugar el mismo miércoles a las 17:45 horas en el cementerio municipal.
 
El alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa Monzón, ha trasladado sus condolencias a la familia y amistades de Basilisa, una vecina muy querida que deja un legado importante en el municipio por su entrega al trabajo y una trayectoria marcada por el arraigo a su tierra.
 
Nacida y criada en Sardina, dedicó gran parte de su vida al sector agrícola, trabajando en la histórica Finca del Capellán, donde desempeñó labores en el cultivo del tomate y el plátano hasta que, a los 50 años, le fue reconocida una incapacidad que puso fin a su actividad en el sector agrícola.
 
Durante la entrega de las distinciones municipales en 2024, el alcalde Teodoro Sosa Monzón manifestó el agradecimiento del Ayuntamiento al sector primario, del que Basilisa fue parte, señalando su papel tan necesario en el desarrollo histórico y económico de Gáldar.
 
Basilisa era socia activa del Club de Mayores de Sardina, espacio al que estuvo vinculada durante décadas con compromiso. En 2017, el club le rindió un emotivo homenaje entregándole una placa conmemorativa en agradecimiento por su larga trayectoria como socia y por su constante participación en la vida y actividades del centro, contribuyendo así al espíritu comunitario y solidario que caracteriza a esta entidad.
 
Su presencia en la comunidad fue siempre cercana y respetuosa. Su hija, propietaria durante 32 años de un comercio de confección en Sardina, contribuyó a consolidar el cariño y reconocimiento que la familia ha recibido generación tras generación en el barrio. Incluida en la lista de personas ilustres de Gáldar, Basilisa será recordada como ejemplo de dignidad, esfuerzo y amor por el municipio.
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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
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Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.