COSAS QUE SUCEDEN EN LA VIDA REAL…

No sabía si debía escribirlo o no, pero después de mucho pensar sobre ello, me decidí a hacerlo.

Ha pasado una semana desde la jornada electoral. Domingo de participación y de encuentros entre vecinos, que desde hacía mucho tiempo no compartían.

Se acerca una apuesta y educada señora a votar. En el momento de pedirle su documento del DNI, su sonríente y agradable semblante cambia por un instante. Pero ella tan sutil y educada, vuelve a sonreír.
Junto a su sonrisa menciona unas palabras, señalando que no dispone de su documento de identificación. Por lo que su derecho al voto se ve perjudicado, y así se le explica de una forma cariñosa y respetuosa.

Ésta no conforme, insiste una y otra vez. Sin embargo, su insistencia no funciona, por lo que educadamente sale del colegio con paso vehemente.

Finaliza la jornada y cansada llego a casa. Tal y como forma parte de mi rutina diaria, disfruto de un suave baño, una ligera cena para continuar con un merecido descanso.

Pero antes de por fin cerrar los ojos hasta la mañana siguiente, ojeo las noticias del día para las que no había tenido tiempo hasta ese momento.

De repente, leo un nombre que me resulta conocido. Pienso, pienso y pienso, y era ella.
La misteriosa mujer que había estado insistiendo en votar, aún sin cumplir su obligación documental.

Esta mujer aparecía en la página necrológica del periódico, había fallecido unos días antes al que habíamos vivido.

Sobresaltada, me levanto de la cama. Investigando y «rebuscando», descubro que esta mujer que llegó sin saber, había sido vetada, ignorada y no respetada.
No llegó a tiempo de votar porque su cuerpo había «volado» hacia otro lugar. Sin embargo, por su ansia de lucha, quería por última vez en su vida, poder ejercer su derecho por el que tanto luchó en su fuero interno.

Por ello, su alma continuaba entre nosotros, intentando conseguir lo que tanto soñó y anheló «que las mujeres independientemente de su color, condición y educación, pudieran siempre votar y ejercer su derecho a elección».

Se fue tranquila, se fue calmada, porque su alma lo había intentado. Pero como ella siempre dijo, las cosas siempre pasan porque alguien así las decidió desde el corazón ❤

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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!