24 febrero 2026 11:43 pm
El Golfo Pérsico: Tensiones persistentes y consecuencias globales

La situación en el Golfo Pérsico vuelve cíclicamente al centro de la geopolítica mundial. En esta ocasión, todo indica que no se trata de una crisis repentina ni de un conflicto aislado, sino de una acumulación de tensiones históricas, estratégicas, energéticas y religiosas que, en determinados momentos, alcanzan puntos críticos.

Hablar hoy de un eventual enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán exige prudencia, pero también realismo. ¡Qué no cunda el pánico! Pues, en el peor de los casos, siempre se tratará solo de la opinión personal de un “viejo lobo de mar y además maúro de Telde”.

Un conflicto con raíces profundas

Las raíces del conflicto actual no pueden entenderse sin retroceder al año 1979 y la Revolución Islámica iraní, que transformó el equilibrio regional y rompió la estrecha relación previa entre Washington y Teherán. Desde entonces, las relaciones han estado marcadas por sanciones, episodios de confrontación indirecta, disputas nucleares y enfrentamientos a través de actores regionales.

Para Estados Unidos —o lo que es lo mismo para Donald Trump— Irán representa un actor desestabilizador en Oriente Medio, especialmente por su influencia en Irak, Siria, Líbano y Yemen, así como por su programa nuclear. Para Irán, por su parte, la presencia militar de “los infieles” estadounidenses constituye una amenaza directa a su soberanía y a su seguridad estratégica.

El factor energético: El Estrecho de Ormuz

En este contexto, el Golfo Pérsico adquiere una importancia crucial. No en vano, por sus aguas transita una parte sustancial del comercio mundial del petróleo y del gas, especialmente a través del Estrecho de Ormuz. Como bien señala el autor, “hasta un alumno progre de la LOGSE socialista” o un ciego podrían ver que cualquier alteración en esa ruta tendría consecuencias inmediatas en los mercados globales.

¿Qué papel jugaría la ONU?

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) sería el foro natural para intentar contener una escalada bélica. Sin embargo, no nos engañemos: la historia reciente nos dice que poco más puede hacer. En un escenario de confrontación directa, su capacidad quedaría limitada por vetos cruzados y por la falta de voluntad política de los actores implicados.

Además, con un liderazgo estadounidense que prioriza el «America First», Washington podría ignorar resoluciones internacionales. En esta época, parece que el “rubio pistolero del salvaje oeste americano está dispuesto a desenfundar a la primera de cambio su Colt 45 largo contra todo aquel que no le ría la gracia”.

Las consecuencias de una guerra abierta

Una guerra directa entre estas potencias no sería una operación breve ni quirúrgica. Irán posee capacidades militares significativas y una posición estratégica que derivaría en un conflicto prolongado con múltiples frentes. Las consecuencias principales serían:

  1. Impacto energético inmediato: Encarecimiento drástico del petróleo y gas por la mera percepción de riesgo.

  2. Inestabilidad financiera: Volatilidad en las bolsas y refugio de capitales en activos seguros.

  3. Expansión regional: El conflicto podría afectar a Israel, al Golfo y al Mediterráneo oriental mediante respuestas asimétricas.

El impacto en la Unión Europea

Aunque la UE no sea un actor militar directo, el ciudadano europeo sufriría efectos tangibles:

  • Inflación: El repunte de los precios de la energía encarecería el transporte, la factura eléctrica y la cesta de la compra.

  • Presión financiera: El Banco Central Europeo podría verse forzado a subir tipos de interés, afectando hipotecas y préstamos.

  • Recesión: Un shock prolongado podría empujar a la industria europea al estancamiento.

Conclusión: Entre la geopolítica y la realidad cotidiana

Reducir esto a una narrativa de “buenos contra malos” empobrece el análisis. Ambos países actúan por intereses estratégicos y dinámicas internas. Aunque una guerra abierta sigue siendo un escenario hipotético, el riesgo real es la prolongación de la tensión crónica: sanciones, guerra híbrida y presión económica.

No se trata de crear alarmismo, sino de comprender que, en un mundo interconectado, los conflictos lejanos terminan afectando la economía de cualquier ciudadano. Para las personas de bien que abrazamos principios humanistas, esta situación provocada por el “pistolero rubio” contra quien considera el “forajido más cruel de la aldea mundial” no nos gusta nada.

Pero como dicen en mi pueblo:

“A estas alturas una cosa está clara, cristiano; y es que la penca de tuno que está para uno, no hay baifa que se la coma y a la orilla de la mar cantaba una loca: cada uno se jode cuando le toca”.

¡Qué cosas!

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