
Como católico, como canario y como ciudadano comprometido con la dignidad de mi tierra, considero necesario expresar una preocupación legítima ante la próxima visita del Papa León XIV a Canarias. Un acontecimiento de esta naturaleza debería ser vivido como un momento de fe, encuentro, reflexión y esperanza. No debería convertirse, bajo ningún concepto, en una oportunidad de autopromoción política. La presencia del Santo Padre en Canarias tiene un profundo significado espiritual y humano. Su visita a Arguineguín, lugar vinculado en los últimos años al drama migratorio, debe servir para escuchar, consolar y recordar la dignidad de quienes han sufrido. Precisamente por eso resulta difícil aceptar que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pretenda situarse en el centro de un acto que debería pertenecer a la Iglesia, a los fieles, a los migrantes, a los voluntarios y al pueblo canario. No se trata de negar la presencia institucional que corresponde a un jefe de Gobierno en determinados actos oficiales. Se trata de algo más delicado: evitar que una visita pastoral termine contaminada por intereses partidistas. Canarias no necesita una fotografía más. Canarias necesita respeto. Arguineguín no es un decorado político Arguineguín no es un escenario neutro. Es un lugar marcado por una crisis humanitaria que dejó imágenes difíciles de olvidar y una profunda sensación de abandono institucional. Allí se concentraron durante meses personas migrantes en condiciones muy duras, mientras muchas administraciones miraban con lentitud, distancia o cálculo político una situación que exigía humanidad, eficacia y responsabilidad. Por eso, la posible presencia destacada de Pedro Sánchez en ese mismo lugar provoca rechazo en muchos canarios. No porque el Papa no deba acudir a Arguineguín, sino precisamente por lo contrario: porque debe acudir con plena libertad, sin que su gesto sea utilizado para suavizar responsabilidades políticas ni para reconstruir relatos interesados. La visita del Papa debe poner el foco en quienes sufrieron, en quienes ayudaron y en quienes siguen afrontando las consecuencias humanas de la ruta migratoria atlántica. No en quienes llegan ahora, años después, buscando ocupar el encuadre de la fotografía. La fe no puede ser utilizada como herramienta de imagen La Iglesia debe mantener su independencia frente al poder político. Esa separación no es hostilidad hacia las instituciones, sino garantía de respeto. Cuando la fe se convierte en decorado, pierde profundidad. Cuando la espiritualidad se transforma en escenografía, se degrada. Y cuando un dirigente político intenta aprovechar un acontecimiento religioso para reforzar su imagen pública, el resultado no es institucionalidad: es propaganda. Mi rechazo no nace de la confrontación por la confrontación. Nace del sentido común, del respeto a la fe y de la convicción de que el mensaje del Santo Padre debe llegar limpio, sin apropiaciones partidistas ni lecturas interesadas. El Papa viene a Canarias como pastor. Viene a hablar de dignidad, de sufrimiento, de esperanza, de fraternidad y de responsabilidad moral. Reducir esa visita a una operación de imagen sería una falta de respeto al Pontífice, a la Iglesia y también al pueblo canario. Canarias merece respeto Canarias ha soportado durante demasiado tiempo que se la mire desde Madrid solo cuando interesa. Hemos sido frontera, puerto de llegada, espacio de emergencia, territorio utilizado en discursos ajenos y, muchas veces, tierra insuficientemente escuchada. Por eso, cuando un acontecimiento de esta magnitud coloca a Canarias en el centro de la atención nacional e internacional, debemos exigir que se haga con dignidad. No queremos que se instrumentalice nuestro sufrimiento. No queremos que se utilice Arguineguín como símbolo de conveniencia. No queremos que una visita espiritual sea absorbida por la lógica del titular político. La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, conoce bien lo que significó aquella etapa para su municipio. Con aciertos o errores, fue una de las voces que denunció la situación que se vivía sobre el terreno cuando otros preferían guardar silencio o responder tarde. Esa memoria no puede borrarse ahora con un gesto protocolario ni con una fotografía cuidadosamente preparada. El Papa debe hablar con libertad Otro aspecto que merece atención es la necesidad de preservar la libertad del mensaje pontificio. En una visita de estas características puede existir una coordinación protocolaria normal entre Estados e instituciones. Pero esa coordinación nunca debe confundirse con tutela política ni con intento de condicionar el contenido pastoral del Santo Padre. El Papa no viene a Canarias como un dirigente más. Viene como líder espiritual de millones de católicos y como voz moral ante una realidad humana compleja. Su palabra debe ser libre, clara y profundamente pastoral. Cualquier intento de anticipar, encauzar o rentabilizar políticamente su mensaje sería impropio y contrario al espíritu de la visita. Canarias necesita escuchar al Papa sin filtros. Los fieles necesitan recibir su mensaje sin interferencias. Y quienes han sufrido en la ruta migratoria merecen que su dolor no sea convertido en instrumento de partido. Una visita para unir, no para dividir La visita del Papa León XIV debería ser una oportunidad para elevar el tono moral de la vida pública. Debería recordarnos que la dignidad humana está por encima de los intereses electorales, que la fe no pertenece a ningún Gobierno y que los pueblos merecen ser tratados con respeto, especialmente cuando han soportado crisis que otros gestionaron desde la distancia. Canarias recibirá al Santo Padre con afecto, hospitalidad y respeto. Así somos los canarios: abiertos, nobles y conscientes del valor simbólico de una visita de esta magnitud. Pero esa bienvenida no debe confundirse con resignación ante el uso político del acontecimiento. El Papa es bienvenido. La propaganda, no. Por eso conviene decirlo con claridad: Arguineguín no debe ser un decorado político. La fe no debe ser manipulada. La dignidad de Canarias no debe utilizarse. Y la presencia del Santo Padre debe vivirse con la profundidad espiritual que merece, no como una oportunidad para lavar imágenes públicas ni para reescribir responsabilidades pasadas. Canarias abre sus brazos al Papa León XIV. Lo recibe como pastor, como guía espiritual y como mensajero de esperanza. Pero también pide respeto. Respeto a su historia reciente, a su dolor, a su fe y