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Redacción NorteGranCanaria

Cisne Negro

¿Qué le estará rondando en la cabeza maquiavélica de Pedro Sánchez al respecto? Hay palabras que uno aprende tarde, pero que llegan para quedarse. “Cisne negro” es una de ellas. En política, significa ese acontecimiento improbable, inesperado, pero capaz de cambiar el rumbo de un país de forma brutal. Un suceso que aparece como los golpes de mar traicioneros, silenciosos, sin aviso, y con la fuerza suficiente para partir la amura de un buque. La historia política está cargada de “cisnes negros” como: “la disolución de la Union Soviética, la llegada al poder de Fidel Castro, la toma del poder absoluto de Hiller, el atentado del 11 de septiembre de 2011, el asesinato del archiduque Francisco Fernado en 1914, la primavera árabe, y tantos otros, que cambiaron o alteraron el curso de la historia Después de tantos años navegados, uno ya sabe que “la casualidad o casualidades son solo cuentos para niños”. En la vida —y en la política— todo tiene intención, cálculo y consecuencias. Y cuando observo el triste horizonte actual de España, bajo el control de este gobierno social comunista del maquiavélico Pedro Sánchez, veo señales inequívocas que no me gustan nada. Señales de temporal. Señales de maniobra. Señales de poder, aferrándose a sí mismo como un náufrago a una tabla.   “Melilla o la grieta que nadie quiere mirar” El “asalto a Melilla”, (dirigido desde Rabat y aceptado con sospechosa actitud por el gobierno de Pedro Sánchez), se ha enquistado desde hace un mes. Ya no es solo es un problema fronterizo. Es un síntoma. Un aviso. Una grieta que se abre en la estructura del Estado mientras el Gobierno parece más preocupada por su propio equilibrio que por la seguridad nacional. La frontera sur está ardiendo. La diplomacia está en tensión. La respuesta institucional, desbordada y una ciudad española y nuestros hermanos ceutíes,   sufriendo en sus propias carnes, su consecuencia y aumentado su dolor día tras día  al comprobar como el presidente de su nación y jefe del estado, seguían tan ricamente de vacaciones en La Mareata uno y el otros “prisionero”  en Mariven,  y lo que es peor, si cabe, un mes después, le siguen reconociendo mas derecho a los que asaltaron la ciudad de forma ilegal, que a los propios ciudadanos españoles residentes en Ceuta; al mismo tiempo de que el gobierno marroquí, se frota las manos de contentos al comprobar que su “particular Marcha verde modelo de 2026” ha vuelto a tener éxito, y ya hasta se pueden ver ya  “negociando” con Pedro Sánchez, el futuro de Ceuta y Melilla . Y mientras tanto, el país entero, observa con la misma impotencia que un barco sin gobierno, cuando el viento cambia de golpe y sin previo aviso. Los marinos viejos. sabemos que los temporales no se forman de repente; primero llega un silencio extraño, luego una brisa torcida, después un golpe de mar que te obliga a agarrarte al puente y España está ahora mismo en esa la fase de ese silencio previo.   “La tentación del poder de un capitán que no quiere soltar el timón” No descubro nada nuevo al decir que “Pedro Sánchez no quiere abandonar la Moncloa”.  O al menos, no antes de que pueda resolver mediante un Consejo de ministros, la más que segura condena, por evidente, de su esposa Begoña Gómez, como consecuencia algunos de los muchos delitos que se le imputan… ¿Y quien sabe, si cómo ya hiciera con parte de los condenados por los ERES de Andalucía, meterá también en el mismo paquete del indulto ministeriales, al ex fiscal García Ortiz, Ábalo, Koldo y Cerdan, Zapatero, ¿más alguno que le pueda irle saliendo? No es una opinión; es una evidencia que cualquiera con ojos puede ver. La trayectoria política de Pedro Sánchez, es la de un hombre que ha hecho del poder su único puerto seguro, y que ha demostrado estar dispuesto a pactar con quien sea; a aprobar lo que sea y a dividir lo que haga falta, con tal de mantenerse en el puente de mando, secuestrando como ocurre ahora, al propio Rey de España, que no le permite que acuda a Ceuta a ponerse al lado de su pueblo, por temor a disgustar a Mohamed VI Pero el calendario electoral avanza. Y las previsiones —sin entrar en predicciones— no le son favorables. (ver encuestas reales, no las del CIS de Félix Tezano)) Aquí es donde aparece la pregunta que muchos callan, pero que los viejos lobos de mar no tenemos reparo en formular: ¿Qué pasaría si el Gobierno, sobrepasado por la crisis de Melilla, decide decretar un estado de excepción o una medida similar a nivel nacional y en consecuencia poder legalmente suspender las próximas elecciones? La Constitución lo permite en situaciones graves. La situación es grave. Y la tentación, enorme.   “El “cisne negro” es perfecto para quien teme perder el mando” Desde mi punto de vista, “sí, es posible” Y sería el “cisne negro perfecto” para un presidente que necesita tiempo, oxígeno y poder para resolver sus problemas internos y externos, que no son pocos, por cierto. Un estado de excepción —o cualquier mecanismo extraordinario— podría legalmente “suspender o aplazar las elecciones “sine die”, permitiéndole seguir en la Moncloa mientras el país, lidia con la crisis. No afirmo que vaya a hacerlo. No afirmo que esté planeado. Pero sí afirmo poque me consta, que “la tentación existe”, y está en su retorcida maquiavélica mente. La historia está llena de gobernantes que han usado las crisis como excusa para prolongar su mando y mi intuición marinera de viejo lobo de mar con mucho salitre impregnado en el cuerpo, me indica que estamos ante ese caso. Los marinos sabemos que hay capitanes, que, por desgracia, cuando ven venir el temporal, no piensan en salvar a la tripulación, sino en salvar su puesto, su propio pellejo.   “Los que padecemos el síndrome de “la libertad de los condenados” sabemos lo que es hablar sin miedo” Los viejos lobos de mar, como yo, hablamos